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La gata de nadie

Matutina para Android

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Mías son las fieras del bosque y el ganado de los montes de pastoreo; conozco cada ave de las montañas y los animales del campo son míos, Salmos 50: 10, 11.

VEÍAMOS A LA GATA SENTADA SOBRE EL MURO junto al camino cuando salíamos a dar nuestras caminatas de la tarde. Siempre que la veíamos, la escuchábamos maullar una vez, como para saludar. La llamábamos Puss. Parecía extraño que una gata callejera fuera amistosa y no tuviera miedo de la gente. Cada día salíamos con ganas de verla y que nos saludara. Luego dejamos de verla y nos enteramos de que Puss se había ido a una de las casas de nuestra colonia. Vivió ahí un tiempo, hasta tuvo una camada de gatitos. Cuando los gatitos crecieron lo suficiente, Puss se mudó.

Pasado un tiempo encontró otro hogar en la colonia. La pareja, encantada de tenerla, la llamó Kitty. Le hablamos en inglés aunque probablemente conoce bien el idioma indio local. Kitty se adaptó a todas las situaciones y la quisieron mucho. De nuevo tuvo una camada y fue una buena madre. Después de destetarlos, llevaba ratas o ardillas a sus gatitos, para enseñarles qué cazar y comer. Luego la mamá gata volvió a mudarse.

En el momento que escribo esto, soy la «dueña» de Puss. Quizá nos reconozca como la pareja que solía saludar. En cuanto llegó a nuestra casa se comportó como una vieja amiga. Es muy afectiva y actúa como si fuera la dueña de la casa. Acabó con todos los ratones y todas las ratas del jardín y las ardillas de nuestros árboles frutales. No la dejamos entrara la casa, así que es muy divertido ver cómo entra a escondidas para recostarse en el piso frío. No le molesta que le digamos «Afuera, Puss». Ni siquiera me mira, como para decirme: «Esta casa también es mía». Sin embargo, probablemente también nos abandone para buscar otra casa.

Un día escuché un sordo grito en la puerta de la entrada. La abrí para ver cómo Puss dejaba caer una enorme rata a mis pies. Maulló como para decir: «Te traje un regalo». Llamé a mi esposo y ambos nos reímos a gusto.

Cuántas cosas buenas podemos aprender de un gato callejero. Tenemos que cuidar a estas criaturas aunque no sean nuestras. Le pertenecen a Dios y si las atendemos, nuestra recompensa será puro placer. Un día en la Tierra Nueva, disfrutaremos a estos hermosos, inocentes y perfectos animales.

Birdie Poddar


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