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Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. ¡De ello estoy bien convencido!, Salmos 139: 14.

MI ESPOSO Y YO ACABÁBAMOS DE ACOSTARNOS.

-¿Recuerdas el nombre de aquel tipo de Maryland que tenía una maqueta del santuario? -preguntó.

No. Sabía que su hijo se llamaba Ned, él y su esposa habían sido amigos nuestros y pensaba que el apellido de su padre era el mismo, pero no podía recordarlo en absoluto. Cuando no puedo recordar un nombre, usualmente pienso en la primera letra y termino por recordarlo. Así que comencé a repasar el abecedario a ver si recordaba el apellido. «Ned A…» Nada. «Ned B...». Nada. «Ned C...». Nada. Todo el alfabeto, D… E... F... Al fin llegué a la T. Ned T. ¡Eureka! ¡Ahí estaba! Archivado en la letra T.

-Tenery [apellido ficticio] —mencioné a mi esposo.

-SÍ. Ned Tenery. Ese era. Gracias -respondió.

Me quedé un rato maravillada de cómo funcionan nuestras mentes, cuán maravillosamente Dios nos creó. Habían pasado al menos diez años desde la última vez que habíamos visto a un Tenery, quizá ni había pensado en ellos durante ese periodo. ¿Cómo es que mi cerebro sacó el apellido de los miles y miles que tiene guardados? ¿Cuántos, además, comienzan con T? Pero sin siquiera hacer un esfuerzo consciente, salió el apellido correcto. Me han dicho que solamente usamos una pequeña porción de nuestros cerebros. Imagina lo que haríamos si tuviéramos acceso a todo su potencial.

Dicen que pasaremos la eternidad aprendiendo más y más cosas, usaremos enteros nuestros cerebros. Isaías dice: «Nadie hará daños ni estragos en todo mi monte santo, pues rebosa el país conocimiento del Señor como las aguas colman el mar» (11:9). ¡Vaya! Se acabarán la demencia y el Alzheimer. Cualquier tópico que deseemos estudiar podremos aprenderlo. Podremos estudiar la naturaleza, la psicología, las matemáticas, el universo. Conoceremos a Dios y lo que ha hecho a favor nuestro durante las edades; totalmente mucho mejor que lo que nuestras mentes pecaminosas comprenden. Llenaremos nuestras mentes con todo ese conocimiento y siempre recordaremos dónde quedará archivado. ¡Maravillosas son las obras de Dios!

Ardis Dick Stenbakken


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