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Grabado en oro

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La alianza que haré con ellos después de aquellos días, será esta, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente, Hebreos 10: 16.

TENGO MUCHOS RECUERDOS invaluables de encuentros extraordinarios con Dios. Grabó uno de esos en oro y lo selló para siempre en mi corazón y mi mente. Recuerdo bien el día, a principios de la primavera de 1969, cuando Ron y yo hicimos un recorrido por el instituto psiquiátrico del estado de Idaho, cerca de Boise, con nuestro club de la iglesia. Estábamos en tercero de preparatoria; éramos novios, muy enamorados. Lo que vimos detrás de aquellas puertas cerradas hizo un impacto muy duradero en nuestras jóvenes mentes. Recuerdo que esa noche, en mi cama, hablé con Jesús y oré. «Por favor no me des un hijo como esos. Tendría que darlo en adopción, porque no podría con la angustia y la decepción.» El cielo me ha hecho ver mi error, para gloria de Dios.

En diciembre de 2010, Ron y yo celebramos nuestro cuadragésimo aniversario de bodas. No me casé con el Hombre Perfecto y él no se casó con la Mujer Ideal. Todavía somos santos en potencia. Recibimos la bendición de tener dos hijos. Andrea y su esposo son adultos cálidos, cariñosos y responsables. Ella es maestra de música y Bill un bibliotecario musical.

Nuestro hijo Sonny siempre necesitará al menos una persona que lo cuide personalmente y la supervisión que requiere un niño de tres años. Nuestro hombre niño es amable y gentil de espíritu, fuente de alegría para muchos. Estamos orgullosos de ser padres de nuestros hijos. He aprendido que el retraso psicomotor y el autismo son un reto, no una desgracia.

El cielo jamás me deja olvidar que vivimos en zona de guerra. Cuando los problemas de la vida son abrumadores, mi mente recuerda el instituto psiquiátrico. Gracias a Dios. Escucho a Jesús susurrar: «¡No te rindas! Estoy contigo siempre». Le creo y celebro la vida junto con el espíritu de gratitud. ¡Mi mayor alegría es el prospecto del cielo!

Gracias a Dios que nos hizo cautivos suyos y nos conduce por el desfile triunfal de Cristo (2 Corintios 2: 14, 15). Ahora, adonde vayamos, él nos usa para hablar a otras personas del Señor y cómo siempre nos sustenta. No importan los retos que afrontemos. Él ha estado con nosotros. También estará contigo.

Deborah Sanders


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