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Nunca más sucumbiré

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Yo me sentí seguro, y pensé: «Nada me hará caer jamás», Salmos 30: 6.

SI DESEAS LA PROSPERIDAD, tienes que estar dispuesta a hacer lo necesario para obtenerla. Sí, puedes pedirla en oración, pero el Señor no va a arrojártela a los pies. Tienes que hacer algo. Quizá volver a estudiar para mejorar tu educación y así ganar más dinero en tu trabajo, o conseguir otro trabajo. Tal vez necesites mudarte a un ambiente distinto. Cambiar lo necesario es lo que se requiere.

Es triste decir que algunas personas venden Sus cuerpos para ganar prosperidad. Otras venden drogas. Pero esa no es la solución. ¿Cuál es tu precio? ¿Venderías tu alma a cambio de prosperidad financiera? ¿Valdría el costo? Mi Biblia dice: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su propia vida?» (Marcos 8:36). Pablo escribió: «Sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo, todo contribuirá a mi liberación» (Filipenses 1: 19).

Por lo que he leído, muchos de los seguidores de Jesús fueron muy prósperos y él quiere que también lo seamos. «Deléitate en el Señor y él te dará cuanto pidas» (Salmos 37: 4).

Mateo nos dice: «No se atormenten diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos?"» (6:31). Entonces, ¿cuál debería ser nuestra meta? La respuesta la encontramos también en Mateo: «Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios y todo lo justo y bueno que hay en él, y Dios les dará, además, todas esas cosas» (versículo 33). Dios satisfará todas tus necesidades; simplemente confía en su Palabra y cree. En la riqueza o lo poco, tenemos que afirmar: «Yo, sosegado, decía: “Nunca más sucumbiré"».

«Señor, a veces los conflictos de la vida son más de lo que puedo aguantar, el dolor mayor a lo que puedo soportar, el costo de sobrevivir superior a lo que puedo pagar. En esos momentos de debilidad elijo acudir a ti para que me desfuerza, confiada en que nunca me fallarás o abandonarás. En esos momentos de tristeza, ayúdame a nunca olvidar la alegría que me has preparado al final, así como la promesa de fuerza y poder para superar lo que tengo ahora gracias a ti. Confío en que nuestro auxilio viene en nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra y nos ha dado prosperidad.»

Hattie R. Logan


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