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Los zapatos de sábado de Savannah

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Antes de que me llamen responderé, estarán aún hablando y los escucharé, Isaías 65: 24.

QUÉ MARAVILLOSO ES SERVIR A UN DIOS al que le interesan las pequeñeces de nuestras vidas. Ve al gorrión cuando cae y sabe cuántos cabellos tenemos. Cuánto le interesa cuando tenemos una pequeña crisis.

Nuestra nieta de cuatro años con frecuencia viene a nuestra casa a pasar los fines de semana. Uno de esos, cuando nuestra hija y Savannah llegaron y sacamos el equipaje del auto, comencé a revisar las cosas que Savannah necesitaría para el sábado. Me di cuenta de que no traía sus zapatos. Ya se había puesto el sol y no supe qué hacer. No quería tener que hacer una compra en sábado.

-Ay Savannah, ¿qué hacemos con tus zapatos para la iglesia? -pregunté. Ella no tenía idea.

Elevé mi frustración al Señor y entonces, él tranquilamente me hizo recordar un par de zapatos que había guardado en mi armario meses antes. Cuando los compré, no le quedaban a Savannah, así que los había guardado y olvidado. Ahora, en ese momento de crisis, los saqué. Cuando se los calcé, le quedaron y Savannah estaba encantada con su nuevo par de zapatos. ¡También combinaban con su vestido a la perfección! Ella no se dio cuenta del dilema en que me había encontrado, o el milagro que recién había experimentado.

Al día siguiente en la iglesia, Savannah presumió sus nuevos zapatos de sábado y yo pude comentar cómo el Señor había provisto, aun meses antes de que tuviera una necesidad. Él sabía y se había preparado para ayudarme antes de que lo pidiera. Pude compartir el texto de hoy, además de 1 Pedro 5: 7. Pedro nos dice que dejemos que nuestras ansiedades recaigan en Dios, pues él nos ama. ¿No te preguntas, entonces, por qué a veces nos frustramos y sentimos tanta ansiedad? El Señor tiene tantos regalos listos para dar a sus hijos. ¡Planea con anticipación para solucionar nuestras emergencias y responde nuestras oraciones tan maravillosamente!

«Gracias, Dios, por mostrarme tu amor y ayudarme cuando yo misma no puedo ayudarme. Gracias por los milagros, grandes y pequeños, que haces para mí solamente. Haces que yo, tu hija, me sienta muy especial.»

Sharon Follett


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