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¿Por qué yo no?

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Deléitate en el Señor y él te dará cuanto pidas. [...] Descansa en el Señor y pon en él tu esperanza, Salmos 37: 4,7.

DESPUÉS DE QUE EL CÁNCER ME QUITÓ DOS ESPOSOS, me mudé de mi estado natal, California, a Virginia, para estar más cerca de mi hijo y su esposa.

Me establecí, compré una casa, encontré la iglesia adventista local e hice nuevos amigos. También hice trabajo voluntario un día a la semana en la casa de retiro de mi hijo y me hice cliente de varios restaurantes a la hora de la comida (no me gusta cocinar para mí sola).

Encontré el hospital local y a varios doctores. Debido a que mi salud ha disminuido paulatinamente, he tenido que internarme varias veces. Parece que tengo ocupados a muchos doctores. Agradezco mucho toda esa ayuda y por el hecho de que mi hijo me ha apoyado cuando lo he necesitado.

Pero extrañaba California, a mi iglesia, mis parientes y mis amigos. Llegué hasta el punto de que, cuando veía un camión de mudanzas, pensaba: «¿Por qué yo no puedo irme?».

Medité en el Salmo 37: «Deléitate en el Señor y él te dará cuanto pidas» (Versículo 4). «¿Qué he hecho mal, Papá?», preguntaba. Nunca hubo respuesta.

Al final, leí el versículo 7: «Descansa en el Señor y ponen él tu esperanza». Vaya. «Descansa en el Señor.» Esas cuatro palabras me afectaron muy personalmente. Sí, quería volver a California, pero sabía que no podía. (De vez en cuando viajo en avión para hacer alguna visita.)

«Descansa en el Señor.» ¡Sentí que él quería que dejara de quejarme, gimotear y hacer berrinche! Seguramente recordaba mi «¿Por qué yo no?».

Ahora cuando veo un camión de mudanzas, grande o pequeño, digo: «Señor, bendice a los que se mudan». También aprecio mejor el texto del apóstol Pablo: «Tengo experiencia de pobreza y de riqueza. Estoy perfectamente entrenado para todo: para estar harto y para pasar hambre, para nadar en la abundancia y para vivir con estrecheces» (Filipenses 4:12).

«Gracias, Papá, por ayudarme a cambiar mi actitud y entrenarme para todo».

Patsy Murdoch Meeker


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