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¡Apúrate a ir más despacio!

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Ahora prepárense, porque voy a pedirles cuentas ante el Señor de todos los beneficios que él les ha hecho a ustedes y a sus antepasados, 1 Samuel 12: 7.

ERA UN DÍA COMÚN Y CORRIENTE. No recuerdo exactamente qué hacíamos, pero sí las prisas y una larga lista de pendientes. Mientras daba órdenes y apresuraba a mis hijos, mi hija Bárbara dijo:

-¡Mamá, apúrate a ir más despacio!

Su comentario me paró en seco. Tenía razón. Me senté un momento a descansar de las prisas y pensé cómo es que yo no solamente afectaba mi vida, sino también lo que enseñaba a mis hijos. Dicen que las acciones valen más que las palabras, ¿Cómo se aplica eso cuando la acción se amplifica varias veces?

Seguir el ritmo de los hijos, los quehaceres domésticos, un empleo y todas las demás responsabilidades de la vida, me hace correr en círculos. Las causas comunes son un horario lleno de pendientes, no planear con anticipación, perder la noción del tiempo y tener expectativas irreales mías y de los demás. El asunto es que siempre dejo que las prisas me arrastren.

En su libro En pos de lo supremo, Oswald Chambers dice: «Dios nunca tiene prisa». Al contemplar mi vida, pienso cómo Dios me ha dedicado tiempo. En cada instancia fue perfectamente oportuno. Aunque yo ande a las carreras por todos lados, trata de decirme que desista y sepa que él es Dios. Si estoy muy ocupada para conectarme a ese pensamiento, me envía el mensaje por medio de mi hija, no para ordenarme o regañarme, simplemente porque me ama y también a mi familia.

Desde que Bárbara hizo su comentario, me he comprometido con Dios y mi familia, a disminuir algunas de mis actividades y ajustar mis expectativas. Es sorprendente cómo el Señor nos bendice cuando lo escuchamos. Nuestro Padre sabe lo que es mejor. Ahora tengo tiempo para respirar y pensar. En el futuro, estoy segura de que tendrá que frenarme otra vez, sin embargo, ¡doy muchas gracias porque no nos abandona!

«Señor, gracias por los mensajes individualizados que nos envías. Por favor trabaja en mi vida y en las de otras personas que son adictas a las prisas. Señor, quiero que te encargues de mi vida. Me doy cuenta de que me ocupo demasiado y sé que eso me aleja de ti y mi familia. ¡Sigue conmigo, Señor!»

Mary M.J. Wagoner Angelin


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