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¿Está disponible este asiento?

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Señor, muéstrame tu camino y en tu verdad caminaré; guía mi corazón para que venere tu nombre, Salmos 86: 11.

LA NIÑA DE NUEVE AÑOS acompañó a sus padres a un concierto de música clásica. Consciente de que no podía hacer ruido, se dedicó a observar. Vio cómo algunas personas se sentaban. Escuchó a una mujer susurrar a su madre: «¿Está disponible este asiento?». Luego vio que su madre asintió y la mujer se sentó junto a ella. Empezó el concierto. La música fue gloriosa, pero lo que más recordó esa niña fue la simple pregunta: «¿Está disponible este asiento?».

Cuando sus padres invitaron a su abuela y a mí a comer la semana siguiente, la niñita se sentó sobre el regazo de su abuela, para contarle lo importante de su semana. Pero cuando su abuela tuvo que ir a ayudar a la cocina, la niña fue a pararse junto a mi silla.

-¿Están disponibles tus piernas? -preguntó.

Su tranquila pregunta, llena de inocencia, me movió el corazón. La acurruqué en mi regazo y presté atención al inicio de nuestra conversación. Hablamos de mil cosas con lujo de detalles. Pero lo que recuerdo más es su ingenua pregunta: «¿Están disponibles tus piernas?». Esa tarde aprendí que hay momentos especiales envueltos en aparente insignificancia. Lecciones que aprender y riquezas por compartir. Sabía que ese era uno de tales momentos.

Cada día, nuestro mejor Amigo nos hace una pregunta similar: «¿Está disponible tu corazón?». ¿Cuántas veces y de cuántas maneras lo has escuchado hacer esa pregunta?

La respuesta es crucial. Cuando respondemos con alegría, comienzan las bendiciones. Cuando cada una de nuestras acciones es para la gloria de Dios, nunca podremos calcular los maravillosos resultados.

Estemos pendientes de las oportunidades que tengamos de decir a nuestro Jesús: «Sí, mi corazón está disponible para acurrucar a una niña solitaria, consolar a un adolescente confundido o enseñar a un adulto con dudas».

«Dador de todo lo bueno, ayúdame a discernir mi misión, sin importar cuán sobrentendida u obvia sea. Úsame, Señor. Mi corazón indiviso está disponible para tu servicio hoy.»

Glenda mae Greene


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