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Oraciones contestadas

Matutina para Android

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Puse mi esperanza en el Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi lamento, Salmos 40: 1.

PODÍA ESCUCHAR EL SONIDO del reloj al lado de mi cama. Mientras se aproximaba el alba, las lágrimas me recorrían el rostro. Sabía que era el momento de tener mi conversación matutina con mi Padre celestial, sin embargo, aquella mañana necesitaba comunicarme con alguien a quien pudiera ver, sentir y tocar. Alguien que me abrazara, enjugara mis lágrimas y me asegurara que todo estaría bien.

En mi apuro, le grité a Dios. Le dije que se había roto el tendedero la noche anterior con toda mi ropa limpia. Le dije que la pecera necesitaba limpieza urgente. Le dije que tenía muchas tareas pendientes que necesitaba resolver antes de que terminara el día. La lista era infinita. «Dios, por favor escucha mis oraciones. ¡Por favor envíame ayuda hoy!», oré.

Tomé mi Biblia. Parpadeé entre lágrimas y busqué Isaías 43. De nuevo recordé que era valiosa a los ojos de Dios y él me amaba. ¡Sí! Dios me tenía un amor especial. Como un relámpago que me recorría el cuerpo, de repente sentí que no estaba sola. Alguien estaba en la cama conmigo; las lágrimas que ahora derramaba eran de indescriptible alegría. Repentinamente me sentí segura, se renovó mi fuerza. Sabía que Dios se encargaría de todos mis problemas.

Mientras me vestía para el trabajo, sonó mi teléfono. No pude contener mi alegría interior cuando mi casero me dijo que había pasado muy temprano, había visto mi tendedero roto y procedido a arreglarlo. Ahora tenía un lazo más fuerte para colgar la ropa.

Cuando volví a casa en la noche, agradecí a Dios por sus maravillosas bendiciones durante el día. Había terminado todas mis tareas de ese día. Pero Dios todavía no terminaba. ¿Puedes imaginar mi asombro cuando llegué a mi casa y encontré mi pecera bien limpia? Sí, una amiga había ido a visitarme y decidió hacer ese trabajo, junto con mi sobrina Latoya.

En verdad, Dios es el Dios de los imposibles. Pidámosle que nos dé la fe que mueve montañas y logra lo imposible.

Donna Brown


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