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Buffy

Matutina para Android

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Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido, Apocalipsis 21:4.

COLOQUÉ LA CORREA AL COLLAR DE BUFFY y caminé hasta el auto. Cuando abrí la puerta, Buffy entró. Habría dado cualquier cosa para que esa fuera una horrorosa pesadilla, pero no lo era. Buffy sintió mi dolor, colocó su cabeza en mi regazo y me lamió. Conduje despacio porque quería que ese momento durara para siempre. Agradecí que nuestros hijos estuvieran de vacaciones en Florida con mis padres. Sabía que no lo habrían entendido. Habíamos sido una familia durante siete años. Buffy había crecido con Lillian, que ahora tenía ocho años; había observado a Casandra crecer desde bebé hasta convertirse en la niña de tres años que disfrutaba dar órdenes a Buffy. Le di gracias por haber cuidado a mi familia, por haber sido una fiel amiga, guardiana y compañera. Le di gracias por vigilar el patio y protegernos de todo tipo de peligros, de los peligros perceptibles de los conejos y las ardillas, hasta los peligros reales como gente extraña y otros perros. Siempre atesoraré esos momentos.

Había esperado que jamás llegáramos a nuestro destino, pero muy pronto llegamos al veterinario y yo sabía lo que seguiría. Cuando entramos a la oficina, un muchacho preguntó si podía acariciar a Buffy; ella movió su cola. Mientras el doctor daba a Buffy la inyección que acabaría con su dolor y su vida, la abracé llorando, hablándole para que oyera mi voz. Ella confió en mí hasta el final; me miró y lamió mi mano hasta que cerró los ojos.

Hoy, el 25 de agosto, es el aniversario luctuoso de Buffy. Al escribir de ella, me salen lágrimas de los ojos. Todavía lloro su pérdida, pero me doy cuenta de que su muerte me puso a pensar. No vivimos en esta tierra como Dios quería. Nunca quiso que enfermaran sus criaturas y los humanos que creó a su imagen. Dios no quería que sufriéramos y muriéramos. Creó un hogar perfecto para nosotros, el pecado lo destruyó. Agradezco a Dios porque ha prometido retirar el dolor, el sufrimiento y las lágrimas. Ya quiero llegar al cielo, donde viviremos sin temor al dolor y la muerte. Cuando las cargas de este mundo son abrumadoras y siento que su peso casi me aplasta, invoco la promesa de Apocalipsis 21:4 y ansío que se haga realidad. ¿Qué opinas?

Tamara Márquez de Smith


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