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Qué maravillosa es tu conducción

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Desde el vientre materno en ti me apoyaba, del seno de mi madre me hiciste salir; tuya ha sido siempre mi alabanza, Salmos 71: 6.

MIS PADRES ME CRIARON EN EL HNDUISMO. No conocía el cristianismo. Como mi familia era muy pobre, tuve que dejar la escuela cuando estaba en quinto de primaria. Mientras pasaban los años, cosí ropa y ayudé a mi madre a administrar nuestra familia. Solía preguntarme si tendría otra oportunidad de estudiar.

Después de muchos años, Dios envió un pastor a nuestro hogar y nos invitó a ir a la iglesia de Nagercoil. Fuimos regularmente durante un año. Ese pastor me envió a una escuela cristiana con internado para que continuara mis estudios. Con ayuda de Dios, hice mis estudios preparatorios y superiores en instituciones cristianas. Dios también me ayudó a establecer un hogar cristiano. Me casé con un pastor y el Señor nos ha bendecido con dos hijos.

Hemos encontrado muchas pruebas y tentaciones, pero Dios nos ha mantenido fieles y sus promesas nos condujeron a una vida victoriosa en él. A veces sentimos que Satanás merodeaba como león rugiente, buscando a quién devorar, pero el Dios del cielo ha estado con nosotros todo el tiempo.

Cuando Elías fue trasportado al cielo, su manto cayó sobre Eliseo, que recibió doble porción de la bendición. Luego hizo milagros maravillosos con ayuda de Dios. Muchas veces sentimos que somos como vasijas vacías. ¿Será cierto? En absoluto. Pensamos mal. Dios tiene propósitos especiales para cada ser humano. Cuando confesamos nuestros corazones a Dios, sin dudar, él hace maravillas en nuestras vidas. Si nos sometemos por completo a él para que controle nuestras mentes y corazones, nos conducirá maravillosamente. Escuchará nuestras oraciones y satisfará todas nuestras necesidades.

Seguramente es maravilloso a ojos del Señor, maravilloso cómo nos ha conducido hasta ahora. Me recogió del sucio fango y su estandarte me cubre con amor, su amor divino me ha conducido hasta entonces.

Ahora Dios ha colocado un manto nuevo sobre nuestros hombros, la responsabilidad de llevar muchas más almas a su santo templo. ¿Qué te pide Dios que hagas?

Jegatha Johnson Muthuraj


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