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El jardín fragante

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Serás como un huerto regado, como un manantial de aguas cuyo cauce nunca se seca, Isaías 58: 11.

MI HERMANA SEISINHA tiene un jardín encantador que emite una fragancia maravillosa. Se le ha dedicado mucho amor y cuidados. Seisinha cultiva una gran variedad de flores hermosas; sobre todo las rosas, nos proveen un aroma delicioso y una fantástica visión de belleza. Cuando pasamos por su jardín, nos llenamos de asombro ante la exuberancia de la naturaleza. Cada una de las distintas especies de rosas demuestra su belleza y su poder cautivador.

Cada mañana, con innumerables botones que abren y la expectativa de fragancias de amor, los colibríes trasmiten un mensaje que conmueve profundamente nuestras almas. Parece que desean ofrecernos la verdadera comprensión del poder de nuestro Creador. ¿Quién más podría proveernos tanta ternura, los diversos colores y el dulce aroma que emiten esas flores? Nadie, salvo nuestro poderoso Dios. Es una de las más grandes evidencias de su poder ante el universo.

Como esas frágiles rosas existen para emitir su fragancia, también deberíamos ofrecernos al Señor como las flores de su jardín. Es necesario que aprendamos a unir amor, compasión, comprensión y desinterés, para transformar todo en un enorme ramo que podamos entregar en sus manos y decir: «Señor, toma este ramo y colócalo en tu jardín. Ayúdanos a emitir una fragancia mediante el servicio que damos para que nos coloques en tu corazón». Se ha dicho que si aprendiéramos el idioma de las flores y conversáramos con ellas, podríamos sentir que también glorifican y alaban a nuestro Dios, que ama infinitamente a todas sus criaturas.

Es muy gratificante saber que nos cuida el jardinero más laborioso y meticuloso, Jesucristo, que en cada instancia atiende a sus rosas pequeñas, delicadas y frágiles: los seres humanos. Qué maravillosamente agradable es contemplar las flores mientras imaginamos que algún día estaremos en el jardín del Edén.

«Oh Padre, ayúdanos a ser como las rosas, a recibir una fragancia especial de tu parte y compartirla con la gente que nos rodea. Que nuestra fragancia ascienda hasta tu trono en las mansiones celestiales.»

Maria Sinharinha de Oliveira Nogueira


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