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Manzana de oro

Matutina para Android

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Manzana de oro engastada en plata, una palabra dicha a tiempo, Proverbios 25: 11.

VEÍA LOS ROSTROS SONRIENTES de las fotos conmemorativas de la quincuagésima reunión de mi preparatoria. No pude ir a la reunión, pero los coordinadores tuvieron la amabilidad de enviarme un libro de recuerdo cuando lo solicité.

Ansiosa, miré cada fotografía y traté de relacionar los rostros sonrientes de los ciudadanos mayores que me veían desde esas páginas con los adolescentes revoltosos que recordaba de mis días en la preparatoria. Luego el rostro de un hombre me detuvo. Lo recordaba como un chico alto y rubio con quien compartí varias clases, además de un incidente durante el cual medio una maravillosa lección de bondad. Tantos años después, no recuerdo en qué año estábamos o para cuál materia tenía que exponer frente al salón. Solamente recuerdo mi preocupación.

Hablar en público siempre me ha costado trabajo porque tartamudeo. Ese día había intentado comenzar mi exposición pero la lengua se me trababa. En vez empezar con una serie de sílabas repetidas, me detenía antes de volver al principio, respiraba profundamente y abría mi boca para hablar, para que mi lengua se volviera a trabar.

-Qué lindo vestido -dijo de repente Roger Butt, que se sentaba frente al atril.

Lo miré. Él observaba mi vestido, no mi rostro sonrojado. Repitió, en voz tan alta como para que lo escuchara.

-Sí, es un vestido muy bonito. Es el más bonito que he visto hoy

Distraída de mi incomodidad, abrí la boca y di mi exposición sin decir mal una sílaba o tartamudear una palabra.

Al menos 50 años han pasado desde aquel día de otoño, cuando un adolescente vio a una chica nerviosa que intentaba exponer en clase y habló tranquilamente, para calmarla y animarla. Pero jamás he olvidado su bondad, su percepción y su esfuerzo para distraerme de mi problema, de modo que pudiera cumplir con mi tarea.

«Señor, quiero estar dispuesta siempre a apoyar y animar a quienes me rodean. Quiero buscar siempre tu sabiduría para hablar a los que me rodean y también, por favor, tener la sensatez para saber cuándo pronunciar las palabras que me des.»

Darlenejoan McKibbin Rhine


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