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Especialista en el cuidado de heridas

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Antes de que me llamen responderé, estarán aún hablando y los escucharé, Isaías 65: 24.

ES ASOMBROSO COMO DIOS se presenta como jamás lo habríamos pensado. Cuando lo necesitamos, ahí está, a cada paso del camino, día tras día.

Hace como 18 años, mi esposo estuvo varias veces en el hospital por causa de su diabetes. Se recuperó bien. Luego hace como ocho años tuvo problemas otra vez. Tuvieron que amputarle el dedo gordo del pie, su pierna izquierda y extirparle una úlcera en el talón derecho. Como el talón no sanaba, los doctores querían amputar otra vez. Oramos para que no sucediera. Habíamos escuchado hablar de un especialista en el cuidado de heridas, en otro hospital de la misma red, que había tenido buenos resultados al atender casos similares. Su calendario estaba repleto pero mi Dios intervino.

Mientras orábamos, dispuso todo. Uno de los residentes que atendía a mi esposo también trabajaba con ese especialista. Le habló del caso de mi esposo y el especialista lo puso bajo su cuidado.

-No garantizo nada pero he hecho muchas de estas operaciones. -nos dijo antes de la cirugía. Le dije que oraríamos.

-Ganamos —comentó cuando nos visitó al día siguiente para constatar los resultados. ¡Gracias a Dios!

El Señor puso justo a la gente correcta, que creía en la oración, en nuestro camino justo cuando la necesitábamos. Cuando dieron de alta a mi esposo, dije al doctor que daba gracias a Dios por él y su equipo. Admitió que había sido un trabajo en conjunto.

El proceso de rehabilitación es largo. Aunque nos preguntemos por qué y no entendamos, confiamos en que Dios sabe lo que es mejor. Cuando escribo este texto, mi esposo ya casi domina el movimiento con su prótesis y su apoyo sobre el otro pie; por lo demás, está bien. Simplemente agradecemos a Dios por salvar su vida y acercarlo a Jesús que sacrificó tanto por nosotros. Cada vez que vamos al consultorio del doctor y vemos a los pacientes que están peor, alabamos a Dios, fuente de toda bendición.

Cuando Cristo venga, resucitaremos, y mi esposo tendrá un cuerpo nuevo con dos piernas perfectas. ¿Por cuál motivo alabas hoy a Dios?

Marie H. Seard


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