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Dios es nuestro sanador

Matutina para Android

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Invócame en tiempo de angustia, yo te salvaré y tú me darás gloria, Salmos 50: 15.

¿POR QUÉ HAY ENFERMEDAD EN EL MUNDO? Quizá sufrimos debido a nuestro estilo de vida y porque hay pecado. A veces hasta hemos heredado las enfermedades, quizá de nuestros antecesores. Si así es, necesitamos pedir a Dios que perdone nuestros pecados para que podamos sanar. A menos que vayamos a Cristo, nunca podremos recibir esa sanidad.

Las mujeres son susceptibles a diversas enfermedades y debilidades. A veces nos desanimamos también o perdemos la esperanza. En otras ocasiones nos frustramos y preocupamos por situaciones familiares, nuestros hijos o esposos. A veces nadie puede apoyarnos o escuchar nuestro llanto y entonces clamamos al Señor. Siempre es la ayuda presente para nuestra necesidad. Lo he experimentado personalmente.

Una mañana hace años, salí de la cama con una oración a las carreras y me apresuré a realizar mis labores matutinas. Cuando terminé de bañarme, sentí un repentino calambre en mi cadera y no pude mover mi pierna, o dar un solo paso. Me quedé paralizada de dolor. Todos seguían bien dormidos; yo necesitaba a alguien que me ayudara a salir del baño. Pensé en gritar para pedir auxilio, pero mejor comencé a alabar a Dios. Dije una y otra vez: «Alabado sea el Señor, porque es bueno. Su misericordia es para siempre. Alabado sea el Señor, que va a tocar mi cadera para que pueda caminar. Alabado sea el Señor por tocarlos nervios de mi pierna». Mientras alababa a Dios, comencé a sentir menos dolor y pude lentamente llegar hasta mi cuarto. Me arrodillé cerca de mi cama y oré.

Cuando mis hijos se levantaron y descubrieron mi situación, llamaron al doctor para que fuera a nuestra casa y me atendiera. Mis amigas vinieron rápidamente y me ayudaron a recostarme sobre el suelo. Sufrí mucho hasta la tarde. Aunque el doctor me inyectó dos veces, aún sentía el dolor en mi cadera y mis piernas. Oré para pedir mi recuperación. He escuchado testimonios de personas que dijeron que Dios respondió sus oraciones y las sanó al instante, pero nunca he recibido una respuesta así a mis oraciones. Pero él que eventualmente me hizo entera, es un Padre amoroso y viviente. Es un doctor mucho mejor que cualquiera de esta tierra. Es el sanador y fuente de todo consuelo.

Sin importar los retos que afrontes, invócalo en tus momentos de tribulación. Él te liberará.

Victoria Jeeva Ponappa.


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