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¿Qué amas más?

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Pongan el corazón en las realidades celestiales y no en las de la tierra, Colosenses 3:2.

PABLO ACONSEJÓ el texto de hoy a los colosenses, así como a nosotras ahora. Tenemos la capacidad de amar y esas palabras nos dicen que debemos amar. No es un amor ciego fuera de nuestro control. Tampoco es un amor natural por los humanos, pues se nos pide amar lo que va contra nuestra naturaleza. Tenemos que amar cosas adorables y puras, verdaderas y virtuosas, simples y buenas, cosas que el Dios celestial ordenó.

Vemos objetos en los escaparates a diario cuando caminamos en zonas comerciales. Esas exhibiciones atraen a nuestros ojos y los encantan. Aunque no tengamos intenciones de comprar, nos detenemos frente a las ventanas. Luego entramos a la tienda. Luego vemos si traemos suficiente dinero. Si llevamos tarjeta de crédito es fácil comprar.

Con frecuencia sentimos la urgencia de comprar hasta lo que no necesitamos, simplemente porque el objeto tiene descuento o es fantástico y podemos pagar su precio. Hay quienes se endeudan y existen tiendas que nos animan a pagar cuando podamos. Con esas facilidades nos convertimos en esclavas de los vendedores, con una deuda interminable. Quienes tienen el dinero y no tienen que endeudarse, sencillamente compran porque pueden. No tenemos lugar para esos objetos en nuestras casas, así que los arrumbamos en la cochera y ahí se quedan.

Pablo nos aconseja concentrar nuestros ojos en las cosas celestiales, no en todo lo que está en exhibición. Sería bueno que pongamos en nuestra lista de compras aquello que necesitamos y no compremos lo que no está en la lista. Es difícil, yo lo sé, así que oro para que Dios me ayude a no ser codiciosa. Quizá sería buena idea poner en nuestra lista el nombre de una persona necesitada y un objeto que le haga falta. Así no tendremos que amontonar cosas en la cochera, pero sí en las manos de una persona pobre. Sería acumular nuestro tesoro en el cielo (Lucas 18: 22). El verdadero tesoro entonces podría ser esa preciosa gente que hayamos ayudado.

Recordemos que Cristo viene pronto y todas estas cosas materiales arderán hasta ser cenizas. Ahora, aunque tienen valor, usémoslas para los pobres y necesitados y el esparcimiento del evangelio. Solamente al sentir afecto por las cosas celestiales encontraremos paz, alegría y vida eterna.

Birdie Poddar


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