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Conocer a Jesús

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Esta buena noticia del reino se anunciará por todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan, Mateo 24: 14.

ERA UN CORTO CAMINO a pie hasta el museo desde nuestro hotel en Odesa, Ucrania. Quizá la excursión nos despertaría después de nuestra comida de cinco tiempos y dos horas. La visita era parte de nuestra gira de estudios por la Unión Soviética. El edificio estaba apartado de la calle, rodeado de árboles de muchas variedades. El exterior parecía un hermoso palacio de la época de los zares. Entramos a una sala de oro y mármol. Entre tanta gloria estaban exhibidas hermosamente las obras de arte. En un recorrido especial para nuestro grupo, Vladimir, uno de los directores, nos mostró el museo. Hablaba con conocimiento de causa y nos impresionó. Pero hacia el final del recorrido, nos cansamos un poco. La comida, el calor y el frenético ritmo de nuestro guía, hacían sentir su peso.

Cuando nos detuvimos frente a una pintura de María y José con el bebé Jesús, nos pusimos alerta repentinamente. Escuchamos a Vladimir dar los detalles del nacimiento de Jesús y la importancia para todos los cristianos. Calladamente pasamos a la siguiente pintura, que era El beso de Judas. Una magnífica pintura del pintor italiano Caravaggio. Nos detuvimos mientras Vladimir presentaba a nosotros, 27 estadounidenses, la historia completa del plan de salvación. A todos nos cautivó su presentación y escuchamos con atención. Al final del recorrido, señaló la librería del museo junto a la entrada principal. Rápidamente fuimos al mostrador. Algo de aquella experiencia nos motivaba a comprar el libro para recordarla. Quería hablar con Vladimir. Cuando estuvo libre, me presenté como cristiana.

-Soy judío -respondió.

-No entiendo. Jamás escuché que alguien predicara el evangelio en un museo, menos un judío.

Me miró fijamente.

-Creo que todo mundo debería tener la oportunidad de conocer a Jesucristo -dijo con convicción. Había tristeza en su voz cuando luego habló del futuro de su país y su propio futuro. Cuando nos despedimos, sacó del bolsillo de su saco un pequeño Nuevo Testamento en inglés. Lo abrió y leyó.

—«Felices los que tienen limpia la conciencia, porque ellos verán a Dios» -besó mi mano y se perdió en la multitud.

Sí, todos necesitan la oportunidad de escuchar hablar de Jesucristo. ¿No es la comisión del evangelio?

Dessa Weisz Hardin


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