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La canción de Kaila

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Ninguna condena, por tanto, pesa ya sobre los que pertenecen a Cristo Jesús, Romanos 8: 1.

ERAN LAS 8:40 PM. Y EL SOL YA SE HABÍA PUESTO. Un sábado más quedaba en la eternidad. Mi nieta de dos años, Kaila, y yo, acabábamos de volver a casa tras un hermoso día musical. Habíamos participado de un servicio vespertino de canto y nos habían dado un cargo para una semana.

Kalia comenzó a cantar. Apenas pude entender las palabras. Solamente alcancé a distinguir «no con nación». Comencé a prestar más atención y me di cuenta de que Kaila trataba de cantar el coro de una canción que habíamos cantado aquella tarde: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu».

Una hora previa a la Sociedad de Jóvenes, Kaila había estado bien dormida y de hecho, durmió durante todo el programa. Así que sorprendió que se pusiera a cantar. Mientras caminábamos a casa, los autos en la calle avanzaban con rapidez y los vecinos andaban atareados, para hacer sus compras y lavandería de último minuto antes de volver a sus casas. En medio de todo el tráfico, el ruido, las conversaciones y varias actividades en curso, todo mundo se detuvo asombrado para escuchar a una niña de dos años cantar palabras que apenas podía pronunciar con una hermosa tonada.

Cuando reflexioné en cómo había comenzado y terminado la semana, me di cuenta de que con cada prueba, fuera en el hogar o la escuela, Dios me había dado fuerza suficiente para soportar la presión sin quedar devastada. Qué maravilloso es que por medio del Espíritu podamos vivir sin condenación. Es tan fácil perderse en los retos diarios de esta vida, que a veces olvidamos que Dios dice que nunca nos abandonará, aunque pasemos por pruebas de fuego. «No les asombre como algo inesperado la tremenda prueba desatada contra ustedes» (1 Pedro 4: 12).

«Querido Dios, gracias por recordarnos la promesa de que no nos abandonarás y no nos condenarás cuando metamos la pata.»

Selene Stewart


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