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Un regalo precioso

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«Yo conozco mis designios sobre ustedes -oráculo del Señor-. Son designios de bienestar, no de desgracia, pues les ofrezco un futuro y una esperanza», Jeremías 29: 11.

A PRINCIPIOS DEL AÑO una amiga cristiana me regaló un libro devocional. En ese libro, el Señor me envió consejos y ayudó a creer en él. Leí el título, Beautiful in God's Eyes, luego me miré al espejo; vi el rostro común de una mujer madura que había dejado atrás. Su primera juventud. Me pregunté cuántas de las personas que he encontrado en mi vida, han «mirado» mi alma. ¿A cuántas he etiquetado en base a un aspecto físico de su apariencia, sin tener la paciencia de buscar su ser interior, ver la semilla de la luz y la belleza que Dios sembró en sus almas? Me di cuenta de que me creó con mucho amor y medio al Espíritu Santo, así me volví única. Nos ha bendecido a las Evas de este mundo, con dones buenos y hermosos. Vio la belleza del alma a través de nuestros ojos abiertos al mundo.

Así como en las profundidades de la tierra el carbón. Se convierte en diamante tras retorcerse dolorosamente, nosotras también, con canas y rostros arrugados por las vicisitudes de la vida, obtenemos un halo que da vida, visible para quienes nos rodean. Siento que la belleza de mi alma ilumina mi rostro y el buen Dios, me mira con una sonrisa perdonadora.

Comencé a escribir fragmentos del devocional en un diario. Cada página es una revelación, revela sucesos similares a los de mi vida. Esas maravillosas mujeres me hablan, comparten sus sentimientos y cómo encontraron soluciones a sus problemas. Algunos acontecimientos de mi vida, que yo misma no he podido explicar, quedaron claros. Me di cuenta de que Dios me salvó de la muerte porque me ama y no ha terminado su obra en mí. Todavía espera dirigir mis pasos hacia la ruta recta de la salvación.

Al leer cada día, no siento la carga de mis preocupaciones y problemas personales. He comenzado a estudiar la Biblia diariamente. Dios me ayuda a entender su Palabra y que permanece todo el tiempo conmigo, a sentir hambre y sed espirituales. Creo que nada me sucederá que no pueda resolver junto con él.

Marilena Iorgulescu


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