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No encajo

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Señor, tú eres mi Dios, te ensalzo y te doy gracias, pues hiciste cosas admirables, planes fieles y firmes, Isaías 25: 1.

ALGO CAPTÓ MI ATENCIÓN una mañana invernal mientras veía las noticias y terminaba mi avena con fresas. Era el reportaje de la Associated Press que narraba el rencuentro de Toby Dawson con su padre coreano. Casino veo noticias deportivas, así que apenas sabía quién era Dawson, esquiador de estilo libre ganador de una medalla olímpica de bronce. Aun así, dos cosas, palabras escalofriantes y una acción espontánea, me conmovieron durante la transmisión.

Parecía que más de dos décadas antes, cuando Toby apenas tenía tres años, se perdió en un mercado surcoreano. Aunque su padre buscó en los orfanatos cercanos y muchos otros lugares, nunca encontró al pequeño. Tristemente, el padre perdió la esperanza. Por alguna razón, un matrimonio estadounidense de instructores de esquí en Colorado, logró superar la burocracia y adoptar al muchachito. Naturalmente, lo llevaron a su país para enseñarlo a esquiar.

Pero las palabras angustiosas de Dawson siempre las recordaré. «Yo no encajaba. Veía a mis padres [adoptivos] y me parecía a ellos.» Inclusive cuando viajó a Corea, descubrió que tampoco pertenecía a ese lugar. En efecto, estaba «atrapado entre dos mundos».

Como consejera, conozco la angustia de muchas personas que, en su búsqueda de identidad, se sienten como se sintió Dawson: atrapadas entre mundos. No encajan. Algunas, en su desesperada búsqueda, eligen lo mejor de ambos mundos, mientras que otras no dejan de seguir atascadas. Los reporteros señalaron que Toby les había dicho que se sentía como en casa, cuando volaba por el aire en sus esquís.

Los medios también indicaron que Dawson había memorizado una frase en coreano para saludar a su padre: «He esperado mucho tiempo, padre». Nosotros también hemos esperado demasiado tiempo, pero no tanto como nuestro Padre nos ha esperado. De ahora en adelante, memorizaré al menos un versículo de la Biblia cada semana. Aunque no necesitaré recordar las palabras cuando salude a mi Padre, me acercarán su presencia hasta que venga. Cuando nos reunamos con nuestro Padre celestial, encajaremos en su familia. Cuando veamos las palmas de nuestro Hermano con cicatrices de clavos, las tocaremos.

Glenda-mae Greene


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