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La pelea de boxeo

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¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!, Apocalipsis 22: 20.

LA SALA DE ESPERA ESTABA LLENA DE PASAJEROS que aguardaban el vuelo a Manila. Se supone que debía haber despegado a las 2:10 p.m., pero el anuncio por el sistema de sonido nos había hecho saber que estaba retrasado. Personalmente no me molestaba, pues no tenía compromisos a mi regreso a Manila. Eso sí, esperaba que la gente se quejara, pero no era así. ¡Más bien, todos estaban contentos! ¿Por qué? Pues exhibían una pelea de boxeo por televisión y la gente no dejaba de mirarla.

Los pasajeros realmente disfrutaban el espectáculo; parecían animar al unísono. Sobre todo, era asombroso vera los hombres; actuaban como si hubieran estado en las salas de sus casas. Los niños se entretenían con comida o videojuegos. Aunque no disfruté el espectáculo, me agradaba ver las reacciones de la gente.

Después de más de una hora, otro anuncio nos dijo que habría otro retraso y nos pidió seguir en espera. Un hombre señaló hacia arriba con el pulgar, para indicar que le alegraba que el vuelo se hubiera retrasado.

Algunos chicos se aburrían, así que más comida y juguetes les ofrecieron sus padres, que continuaban viendo la pelea. Una chicano quería más comida o juguetes. La niñera la cargó y trató de convencerla de ver la pelea, pero no le interesaba. Seguía enfurruñada y al final, la madre se fue a dar su atención a la niña.

La espera de cinco horas terminó con la cancelación del vuelo debido a problemas mecánicos. Ahora comenzaron las quejas; algunas personas se enojaron y hubo palabras soeces.

Al contemplar la experiencia de hoy, mi pensamiento se dirige a nuestra espera de la venida del Señor Jesucristo. Muchas personas nos ocupamos viendo la pelea del mundo. Nos involucramos tanto con el trabajo y otras cosas que nos divierten, que en vez de convivir bien con la familia, tratamos de distraerla con cosas mundanas. ¿Nos acomodamos tanto a este mundo que olvidamos que estamos de paso?

Mi oración hoy es que redirijamos nuestra atención hacia nuestro destino final y cumplamos con nuestra comisión: comunicar la buena noticia de la salvación.

Jemima Dollosa Orillosa


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