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La vida es como un rompecabezas

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Es Dios nuestro refugio y fortaleza, es ayuda constante en la desgracia, Salmos 46: 1.

¿QUÉ TIENEN LOS ROMPECABEZAS y la vida en común? Que d con ambos, puede costarnos trabajo ver la «imagen completa»si las piezas no encajan o descubrimos que nos faltan algunas. Lo averigüé yo misma cuando armaba un rompecabezas con un paisaje campestre de Grays Basin, Wyoming, que planeaba enmarcar y colgar sobre el sofá en nuestra nueva sala. Me faltaban 50 piezas para terminarlo y me di cuenta de que cinco habían desaparecido. Incapaz de encontrarlas, usé recortes de la caja del rompecabezas y un calendario escénico para crear piezas de reemplazo.

Tal vez encontremos que algunas piezas de nuestras vidas faltan debido a accidentes, enfermedades, divorcios, abuso y pérdida de familia, amistades, salud o empleo. Es fácil deprimirse y tener ganas de rendirse. ¿Por qué no abandoné mi rompecabezas? ¡Porque realmente quería tener esa imagen y no quería decir que un rompecabezas de 1000 piezas me había superado!

En la vida, la pieza faltante que más necesitamos encontrar es la que llene el vacío con forma de Dios en nuestros corazones. Una vez encontrada, otras partes de nuestras vidas comenzarán a encajar en su lugar.

¿Cuántas horas invertí en mi cuadro? Tantas que dejé de contarlas. El cuadro se ve bien. El tiempo que Dios ha trabajado en el rompecabezas de mi vida no se mide en horas, días o semanas, sino en meses y años. Él ha creado algunas piezas de reemplazo para mí, incluyendo nuevas amistades, parientes o empleos.

Algunos problemas pueden ser tan grandes y duraderos que quizá no se resuelvan completamente mientras vivamos. Por ejemplo, relaciones interpersonales demasiado tensas o daño permanente a la salud, causado por malos hábitos pasados y el estilo de vida elegido. Tal vez no haya sanación completa para esos males hasta que Cristo vuelva y haga todo nuevo.

Aunque nuestros problemas parezcan autocreados, Dios no nos abandonará. Ha prometido: «No temas, que estoy contigo, no te angusties, que soy tu Dios. Te doy fuerza y voy a ayudarte, te sostiene mi diestra salvadora» (Isaías 41: 10).

Suficientes problemas se solucionarán como para darnos esperanza para el futuro y hacernos sentir que vale la pena vivir. Así que, ¿por qué no invitas a Dios a tu corazón y tu vida hoy (si no lo has invitado aún) y le permites comenzar a unir las piezas dispersas de tu vida?

Bonnie Moyers


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