Regresar

Un fragmento de imán

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Todo lo que esté a tu alcance, hazlo con todas tus fuerzas, Eclesiastés 9: 10.

ME PIDIERON ORGANIZAR, escanear y filtrar todos los archivos del año en que se estableció la sede de nuestra Misión en 1980. Fue un proceso muy laborioso y me expuso a todo el polvo de los documentos, así como a las grapas oxidadas que rasguñaron mis manos cada vez que limpiaba mi escritorio. Estaba un poco irritada, a menudo me preguntaba por qué tenía que hacer ese trabajo sucio. Más pensamientos derrotistas llegaron a mi mente y aumentó mi nostalgia por mi tierra natal. Pero todavía me faltaban dos años de servicio misionero, así que no tenía muchas opciones.

Una mañana vaciaba la papelera y noté un pequeño objeto negro, que sobresalía del fondo de la caja. Al ver que era un simple trozo de metal roto, lo dejé sobre mi escritorio. Al instante, las grapas y los clips usados se le pegaron. «Así que es un imán. ¡Justo lo que necesito!», pensé mientras lo pasé sobre las grapas dispersas, para rápidamente limpiar mi escritorio y salvar mis dedos de las heridas.

Un día, mientras limpiaba como de costumbre mi escritorio de grapas usadas, me llegó un pensamiento. Ese imán pequeño y roto, del tamaño de media moneda grande, funcionaba con mucha eficiencia. Además de facilitar y acelerar mi trabajo y evitarme rasguños, con frecuencia me agradaba ver su tamaño doblarse o triplicarse, según la cantidad de grapas que magnetizaba. Luego sentí la irresistible impresión del Espíritu Santo, que me decía mediante ese imán que me amaba y entendía mi situación. También me enseñaba una lección y así pensé en el texto de hoy.

El imán, antes de que se rompiera y lo desecharan, quizá fue parte de una máquina importante. Pero no dejó de ser un imán. Ya no pudo desempeñar su labor original, pero ciertamente podía realizar una tarea importante con eficiencia.

Dios me da buena salud y dotaciones y espera que, voluntariamente y con amor, haga lo que él me diga; me provee su abundante gracia. Un mes antes de que abandonara el campo misionero, terminé el trabajo del archivo con una sensación de satisfacción y gozo.

Dinah A. Maquilan


Envía tus saludos a:
No Disponible