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Invócame

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Invócame en tiempo de angustia, yo te salvaré y tú me darás gloria, Salmos 50: 15.

COMO A LAS 3 DE LA MAÑANA desperté súbitamente, no por una alarma o un ruido, sino por una sensación urgente y extraña de que algo andaba mal. ¿Qué hacer? No podía dormir; me puse a orar De inmediato pedí la protección de Dios para cada miembro de mi familia. Le rogué que bendijera y cuidara a cada uno y le mostrara que él estaba muy cerca. Repasé los nombres de nuestros hijos, nietos, sus cónyuges y suegros, hermanos y parientes políticos. Algunos los repetí pero Dios entendió. Nuestro nieto más joven, Timothy, recibía tratamiento médico por un grave dolor abdominal. Había mejoría, pero el dolor persistía y no se tenía un diagnóstico. Así que mencioné a Timothy más de una vez. Me calmé y volvía dormir un poco, tras dejar todo en manos de Dios.

Poco después de las 8:00 recibimos una llamada de nuestra hija, Judy Decía que Timothy estaba en la sala de urgencias con extremo dolor, malestar estomacal y azúcar elevada en sangre. Fue descorazonador verlo así. Nos unimos a sus preocupados padres y suavemente sostuvimos su mano, con ligereza tocamos su rostro o brazo y al mismo tiempo, dijimos en voz baja cuánto lo amábamos. Después de una corta oración, salimos para dejarlo descansar.

Dos días después fue una delicia verlo despierto y sonriente. Nos emocionó felicitarlo en su décimo octavo cumpleaños.

El diagnóstico no era halagüeño. Su páncreas había perdido toda su capacidad de producir insulina. Seguiría débil y necesitaría una larga recuperación si quería tener una vida relativamente normal. Durante el resto de su vida tendría que medir el azúcar de su sangre e inyectarse insulina antes de cada comida; por supuesto, vigilar su consumo de carbohidratos y calorías, además de equilibrar su vida con ejercicio y trabajo adecuados. Oramos para que tenga una vida larga y productiva, a salvo en brazos de Dios. Es un alivio saber que podemos invocar al Señor en tiempos de angustia.

Lillian Musgrave


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