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Nuestro perro, Benson

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Estoy seguro de que Dios, que ha comenzado en ustedes una labor tan excelente, la llevará a feliz término en espera del día de Cristo Jesús, Filipenses 1: 6.

HACE ALGUNOS DÍAS acabó la desidia cuando Benson, nuestro terrier Dandie Dinmont cruzado con poodle, de siete años, recibió su corte de pelo casero. (Después de todo, yo soy estilista) Siempre es una locura, pues él se mueve y se queja y a veces hasta me muerde la mano, la misma mano que lo alimenta. Mi esposo coloca a Beson en diez posiciones diferentes mientras intento cortar. Primero acostado, luego sentado un minuto. De pie, luego panza arriba, mientras lo sobornamos con golosinas y le aseguramos que pronto se sentirá mucho más fresco y le alegrará su corte de pelo.

Casi todo el tiempo resulta estresante, porque me da miedo que con todo el movimiento, lo corte o pinche, así que lo usuales hacer una parte y dejarlo un rato. Pero esta vez me propuse no cesar hasta terminar. Comencé con ese fin en mente; un corte de pelo de la cabeza a las patas.

Después de perseverar mucho, mucho más de lo usual, Benson básicamente se convirtió en un perro sumiso por primera vez. Logré dejarlo recostarse sin sostenerlo y corté con gusto, apenas hubo quejas. Al final, mi esposo le tomó una foto, pues fue un comportamiento inusitado el de Benson.

¿Sabes? Nos parecemos mucho a Benson. Pataleamos y nos quejamos todo el tiempo, cuando en realidad Dios solamente permite que nos pasen cosas que él sabe que nos prepararán para ser semejantes a él, de modo que pasemos la eternidad en su compañía. ¿Cuándo aprenderemos a entregamos y confiar, en vez de hacer berrinche y protestar y preguntar por qué, tratando de morder la mano que nos alimenta? En verdad él ha comenzado la buena obra en nosotras con un fin en mente: el cielo.

Me alegra tanto que Dios sea paciente conmigo y no se rinda, sino que continúa su obra y me pide una vez más que vuelva a confiar en él. Las cosas tal vez parezcan imposibles o arbitrarias en nuestras vidas, o que se acumulan en nuestras mentes, pero hoy es otra oportunidad para responder su pregunta: «¿Confías en mí?». ¡Te animo a creer que tu Padre sabe lo que te conviene!

Gay Mentes


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