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¿Quién llamó?

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El Señor es quien te cuida, es tu sombra protectora. [...] El Señor te protege de todo mal, él protege tu vida, Salmos 121: 5, 7.

ERA EL CREPÚSCULO de un día de verano en el hemisferio austral. Vivíamos en Monte Azul Paulista, un pueblito en el estado de San Pablo, Brasil. A nuestros hijos, aún pequeños, les gustaba participar en los servicios de adoración en la iglesia y mi esposo, que había ido temprano a una clase de Biblia, dijo que volvería a recogernos para el servicio de la noche.

Como hacía mucho calor adentro de la casa, cuando estuvimos todos listos decidí esperar con los niños en la terraza. Después de un rato los niños decidieron entrar a mirar televisión, pero una suave brisa me hizo quedarme en el pórtico.

De repente sonó el teléfono y entré para contestar. Cuando nadie respondió a mi saludo, volví a salir. Lo mismo sucedió varias veces, así que decidí quedarme junto al teléfono.

Luego escuché ruido como de fuegos artificiales y miré por la ventana. Hombres armados corrían por la avenida disparándose entre sí. Rápidamente cerré puertas y ventanas, corrí las cortinas y tomé a mis chicos en mis brazos. El teléfono volvió a sonar; esta vez, era mi vecino que me advertía que no abriera la puerta porque había hombres armados en nuestro patio.

Traté de llamar a mi esposo para advertirle que no fuera a la casa en ese momento; pronto llegó la policía y la situación se solucionó.

Cuando abrí la puerta y salimos a la terraza, vimos sangre donde mis hijos se habían sentado antes. Nos enteramos de que los hombres eran presidiarios que habían escapado de la cárcel del pueblo e intentaban huir en un taxi. Afortunadamente, ni mis hijos, yo o mi vecino, sufrimos daño.

¿Quién me había llamado por teléfono? ¿Quién estuvo al otro lado de la línea? Solamente por las llamadas telefónicas me quedé adentro esa noche. No tengo duda de que fue Dios, para protegernos del mal. Nos cuidó a mis pequeños y a mí.

«Gracias, Señor, porque tienes muchas maneras de alcanzarnos.»

Elza C. dos Santos


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