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Un hogar nuevo para Tito

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¿No se venden dos pájaros por muy poco dinero? Sin embargo, ninguno de ellos cae a tierra si el Padre de ustedes no lo permite, Mateo 10: 29.

YA ERA TARDE CUANDO LLEGAMOS A CASA la noche del sábado, tras un recorrido de 600 kilómetros a dos iglesias diferentes. Decidí revisar mi correo electrónico antes de acostarme. Uno era de nuestro hijo, que se había divorciado el año anterior. Su mensaje era breve y al grano: «Hoy fue un día muy triste para mí. Los vecinos se han quejado de los ladridos de Tito, así que tuve que darlo en adopción». Tito es un cobrador dorado que nuestro hijo tuvo durante diez años. Una llamada suya anterior insinuaba que no tenía más opción que encontrar un hogar nuevo a Tito. ¿Dónde? «¡No puedo sacarlo y darle un tiro!»

Mi hijo acababa de mudarse a un lugar nuevo donde no se permitían mascotas. Dejaron que Tito se quedara en la cochera pero debía ser temporalmente. ¿Qué iba a hacer?

Me fui a dormir esa noche muy triste. Todos queríamos a Tito. Era nuestro «nieto perruno» y pensar en perderlo me dolía. A la mañana siguiente llamé a una amiga que vive en una granja. Durante el curso de la conversación le comenté el predicamento de Tito. Sin titubear, dijo que lo habría recibido, de haber sabido. Le dije que averiguaría.

Llamé a mi hijo para saber qué había pasado con Tito.

-No había alguien más cuando lo adopté -me dijo. Le pregunté qué pensaría si le decía que había encontrado un hogar para Tito en una granja. Pareció complacido, aunque tendría que separarse del perro.

En menos de 24 horas Tito abordaba un avión. Fuimos a recogerlo y cuando lo dejamos salir de su jaula, me di cuenta de lo hermoso que era. También me di cuenta de que Dios no solamente cuida a las aves que caen, ama a todos los animales, incluyendo a Tito, que ahora tiene la libertad de vivir en una granja.

Dios también desea que la humanidad sea libre. Estamos en una sociedad que realmente no nos quiere. Pero tenemos un Padre celestial que nos prepara un lugar de libertad eterna. Mientras tanto, tenemos libre albedrío para decidir a quién daremos nuestro amor y nuestra lealtad. Somos de mucho valor para nuestro Padre. Elijámoslo hoy.

Vera Wiebe


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