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Protección en la oscuridad

Matutina para Android

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Tú que habitas al amparo del Altísimo, tú que vives al abrigo del Todopoderoso, Salmos 91: 1.

DOS MESES HABÍAN PASADO desde que mi esposo había partido hacia una campaña evangélica en Argentina. Las esposas de otros pastores involucrados, mi hija de un año y yo, viajamos a visitar a nuestros queridos esposos y padre. ¡Ciertamente sería un fin de semana inolvidable! Nos alegramos mucho de ver a nuestros esposos, ver el entusiasmo de los predicadores jóvenes y la gran cantidad de personas que aprendían de Jesús. También fue un gozo reunirnos con viejos amigos.

Exhaustos por las actividades del día, todavía teníamos que mover todo el equipo de audio porque una fuerte tormenta recién comenzaba. De repente, se fue la luz, pero afortunadamente encontramos velas. Al final, pudimos acostamos en el salón de reuniones para los niños. Mi esposo y mi hija dormían mientras yo seguía despierta, recordando las actividades del día. Por fin caí dormida. ¡Pero olvidé apagar la vela!

Recuerdo la voz de mi esposo que me llamaba, pero yo quería dormir. Cuando al fin desperté, mi esposo me sacaba en sus brazos y un humo negro envolvía el salón hasta su cintura. Luego se apresuró a sacar a Abigail. Mientras la cargaba, noté que sus manos y rostro estaban cubiertas con algo: ¡Poliestireno extruido se había derretido y le había caído encima! La gravedad de la situación estuvo más allá de mi comprensión hasta la mañana siguiente.

—¡Hubo un gran milagro! -señaló un pastor. Yo solamente podía pensar en el dolor de mi hija.

Ahora entiendo el milagroso cuidado de Dios. Nuestras vidas estuvieron en peligro debido a los gases del poliestireno extruido que ardía, pero eso no evitó que los ángeles despertaran a mi esposo.

Hay personas a nuestro alrededor confinadas al oscuro humo del pecado. Sienten que el sueño los domina y no tienen ganas de despertar. Ciertamente, cuando lleguemos al cielo, nos alegraremos de que en medio del dolor experimentado en esta tierra, han ocurrido milagros por medio de la gracia de nuestro Señor.

Natalia Lorena Holm de Pérez


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