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Anfitrionas generosas

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En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya se lo habría dicho; ahora voy a prepararles ese lugar. Una vez que me haya ido y les haya preparado el lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que puedan estar donde esté yo, Juan 14: 2, 3.

CONOCÍ A LESLEY AUSTIN cuando me convertí en miembro del grupo local de madres de preescolares. Ella era una mujer dulce con un encantador acento escocés. Lo que más me impresionó fue su talento como anfitriona. Su meta era que todos estuvieran cómodos y supieran lo mucho que Cristo los amaba.

Yo estaba un tanto aprensiva por algunas actividades que incluían comida. He sido vegana durante muchos años y sé que mi alimentación, no es cosa corriente en celebraciones. Además, no quiero molestar a alguien. ¡Después de todo, es comida y ya! Bueno, evidentemente Lesley no había recibido ese mensaje. Una vez que descubrió mi veganismo se aseguró de que hubiera algo para mí en cada evento, grande o pequeño. Hasta se tomó la molestia de asegurar que hubiera algo que yo pudiera comer en los restaurantes a los que iba el grupo.

-¿Todo bien? —decía ella cuando servían los platillos. Luego añadía rápidamente-: ¿Mary, qué tal tu comida?

Mi buena amiga, Celeste Ruby Crosby, parece que asumió la tarea de ser la proveedora principal de comida de mi familia, cuando hay algún evento en la iglesia. Ella lleva varios platillos a la mesa del buffet y señala los que hizo especialmente para la tribu Angelin. (¡Lo triste es que cocina lo que comemos mejor que yo!)

Se siente raro que alguien se tome molestias adicionales por mí, sobre todo porque me gusta servir a los demás. Supongo que necesito acostumbrarme porque mis amigas no dejarán de interesarse en mí; Dios tampoco. A él le intereso tanto que prometió prepararme un lugar, estoy segura de que superará mis sueños más descabellados. Apenas puedo imaginar lo que será el cielo y cómo el máximo Anfitrión me saludará, como si fuera la única presente.

«Señor, muchas gracias por el regalo de la amistad que me has dado a pesar de mí. Ayúdame a dejar que me sirvan y aprender a servir desinteresadamente. Ayúdame a aceptar tu donde la gracia sin culpa u obligación. ¡No puedo esperar a ver la mansión que me has preparado!»

Mary M.J. Wagoner Angelin


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