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¡Un mar de cambios!

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Sea el Señor refugio del oprimido, refugio en tiempo de angustia, Salmos 9: 9.

DESPUÉS DE CASI QUINCE AÑOS, mi esposo Harold y yo volvimos a Rusia para encontrarnos un mar de cambios y vistas increíbles. Habían invitado a Harold a dar el discurso de apertura en la Universidad Adventista Zaoksky, estábamos ansiosos de ver con nuestros ojos algunos de los muchos cambios que habían tenido lugar desde la caída del comunismo. La primera probada de esa transformación llegó cuando fuimos al aeropuerto más nuevo de la región de Moscú, Domodedovo. Bien iluminado, lleno de tiendas repletas de costosos regalos y una amplia variedad de atractivos restaurantes que servían comida rusa (¡hasta pizza!). Todo era tan diferente.

El tiempo cambia a la gente y los lugares. Puede traer libertad o arrebatarla. Pero qué maravilloso, regresar a la ex Unión Soviética, encontrar iglesias que brotaban como narcisos en primavera y jóvenes que recibían diplomas el día de su graduación y salían a pastorear, a lugares donde sus abuelos sufrieran persecución. La música rusa siempre ha emocionado mi corazón y si fueras a Rusia, también emocionaría el tuyo.

Sentí como si nuestra visita hubiera sido una probada del cielo, de nuevo estar con queridos amigos de antaño. Noté que yo no era la única que había adquirido algunas canas y arrugas. Podía mirar entre los numerosos públicos y reconocer sonrisas que no había visto en un par de décadas. ¡Vaya! Prueba de que nos reconoceremos en la tierra nueva. Tendremos tiempo de ponernos al corriente sobre lo que haya sucedido en nuestras vidas, ya no puedo esperar.

¿Adónde se habían ido los niños que conocimos? La encantadora joven que dirigía el coro de la universidad, había sido la niña que años antes nos saludara con la bienvenida rusa especial de pan y sal. Otros graduados se aproximaron para tomarse fotos y dar fuertes abrazos. Recorrimos la casa Publicadora Fuente de Vida y encontramos muchos pastores que habían recibido una colección de comentarios de la Biblia, como regalo de parte de hermanos y hermanas de Estados Unidos, Canadá y Australia. Nos dijeron que habían aprendido inglés al estudiar los comentarios.

¡Fue una probada de la tierra nueva! Pudimos predicar sin permiso y supervisión del gobierno. Pudimos cantar hasta que casi nos reventaran los pulmones. ¡Pudimos regalar literatura cristiana! ¡Te digo que pareció un vistazo al cielo venidero! «¡Ven, Señor Jesús, ven!»

Rose Ottis


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