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Cuatro cualidades

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Todo lo que esté a tu alcance, hazlo con todas tus fuerzas, Eclesiastés 9: 10.

AL PENSAR EN EL PASO DE LOS AÑOS me veo literalmente luchando a través de los días: cocinar tres comidas para una familia de siete, lavar la ropa y el infinito ciclo de limpiar la casa. Durante muchos años no tuvimos refrigerador o lavadora, así que mi trabajo era más pesado. En ocasiones tuvimos una sirvienta que me ayudara, sobre todo cuando los niños eran muy pequeños, pero cuando crecieron, ayudaron con lo que pudieron; traté de hacer sus quehaceres agradables. Aun así, yo iba de prisa desde la mañana hasta la hora de dormir, sin tiempo para refunfuñar o sentirme gruñona, aunque a veces sentí que cumplía una sentencia de cadena perpetua y trabajos forzados. Como soy una persona prolija, tenía que esforzarme más en mi labor. ¿De dónde obtenía tanta energía?

-¿No te cansas? -preguntó mi esposo muchas veces.

-No tengo tiempo para cansarme -respondía yo.

La noche era mi único periodo de descanso. Una vez que recostaba mi cabeza, me perdía en un sueño impasible hasta que mi esposo me despertaba en la mañana.

Los años han pasado volando y encuentro que aún trabajo duro, aunque quizás no tanto como antes. Aún me pregunto de dónde viene toda la energía. He llegado a darme cuenta de que Dios estuvo conmigo todo el tiempo para darme la energía. Recuerdo que me arrodillé y agradecía Dios por la velocidad, la fuerza y la resistencia. Dones especiales de Dios para mí. Si no los hubiera tenido, habría estado tan indefensa. Para que el trabajo y la vida se completaran, recibí otro don al mismo tiempo: habilidad. Dios sabía que necesitaría habilidad para hacer mi trabajo con eficiencia. Sin habilidad, no hubiera podido coser y tejer para la familia o hacer pasteles de cumpleaños. En verdad, Dios ha sido maravillosamente generoso conmigo y le doy toda la gloria, el honor y la gratitud.

Desde que me jubilé he tenido tiempo para usar mi habilidad. Me divierto tanto al hacer manualidades, juguetes suaves y edredones de parches. Una vez, al contemplar todo lo que hecho, alguien me preguntó: «¿De dónde sacas tiempo para hacer todo esto?». Respondí que todas tenemos la misma cantidad de tiempo, 24 horas al día, y que el tiempo es un talento que debe usarse con provecho y no se desperdicia. El trabajo es una bendición que Dios nos ha dado.

Birol Charlotte Christo


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