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Ventanas abiertas

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«Pónganme a prueba procediendo así -dice el Señor del universo- y verán cómo abro las ventanas del cielo para derramar sobre ustedes bendiciones a raudales», Malaquías 3: 10.

CUANDO SALÍA DEL CENTRO COMERCLAL vi un globo de helio flotar en el aire. Llevaba impreso el mensaje «Cuando Dios cierra puertas, abre ventanas». Seguí mi camino y poco después vi otro globo que decía lo mismo. Vaya… Dios abre ventanas. Toda mi vida lo había oído así: «Cuando Dios cierra puertas, abre puertas» (no ventanas). Cuando vi un tercer globo que llevaba la ahora conocida leyenda, como que de repente desperté de un trance.

De inmediato recordé la frase de un texto: «Verán cómo abro las ventanas del cielo para derramar sobre ustedes bendiciones a raudales». Dios me había mostrado su mensaje tres veces antes de que realmente llamara mi atención. Me alertaba a la verdad de que él abre ventanas, no puertas, cuando cierra otras puertas. Por una puerta abierta, cabe mucho más que por una ventana. Por ende, en las ventanas abiertas debo esperar mucho menos de lo que entraría por puertas abiertas.

Una idea aceptable, sí, pero pensé más: «El texto dice que derramará bendiciones. Significa que son varias. Además, a raudales. ¡No habrá lugar suficiente para contenerlas!». Eso me impresionó. Las bendiciones de Dios son pequeñas como para pasar por una ventana, pero tan grandes que no tengo espacio para recibirlas todas. Un poco más de elasticidad en mi pensamiento me hizo darme cuenta de que esas ventanas son del cielo. ¿Qué tan grandes serán las ventanas del cielo? Mucho más que yo y mis necesidades.

Al volver a la realidad, descubrí que estaba en la sección de jardinería de la tienda. No tenía motivos para estar ahí, tampoco estaba consciente de mi entorno. Concluí que Dios me había llevado a ese sitio para mostrarme su mensaje.

Poco después de esa experiencia Dios abrió, una por una, tres ventanas de bendiciones como respuestas a mis oraciones de semanas previas. Si no hubiera visto esos globos, no me habría dado cuenta de las bendiciones cuando llegaron.

¡Gracias a Dios por su guía y sus mensajes!

Joyce O´Garro


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