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Solamente Dios entiende

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Enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo viejo ha desaparecido, Apocalipsis 21:4.

EN LA PEQUEÑA IGLESIA a la que asistí durante siete años mimé a más de 20infantes, adolescentes y adultos jóvenes. Nuestra relación comenzó con clases de lenguaje de señas y creció tremendamente, hasta involucrar ministerio de sordos, campamentos interiglesias y programas educativos y sociales, entre otras actividades. En verdad quise a mis «hijos».

Éramos tres las enfermeras que iban a esa iglesia. Siempre estábamos de guardia para la comunidad y felizmente servimos donde pudimos. También éramos buenas amigas, así que algunas veces dos de nosotras salimos de vacaciones al mismo tiempo, pero una se quedaba a hacer guardia en casa. Luego un otoño, por primera vez, las tres nos fuimos juntas a vacacionar en Florida. Seguíamos a una llamada de distancia. Una mañana a las 6, una de mis chicas llamó, muy perturbada. Me informó que uno de mis muchachos había muerto de repente debido a una fulminante enfermedad. Claro que nos conmocionamos. Había fallecido cuatro días antes de su décimo sexto cumpleaños y cinco de lo que habría sido su primer sermón en un día de la juventud. Todas lo habíamos esperado y ahora, no sucedería. Él había sido cortés, cariñoso, respetuoso y confiable; lo querían sus amigos y también los adultos.

Su fallecimiento fue muy difícil de aceptar. Agradecía Dios por su vida, aunque fuera muy breve. Aún permanecen los agradables recuerdos. Lo extrañamos pero recuerdo las expresiones de los chicos restantes: «Pudo haber sido cualquiera de nosotros». Eso nos hizo detenernos a pensar qué incierta es la vida y la importancia de siempre vivir para Dios.

No hubo respuestas para nuestras preguntas. ¿Pudiéramos haber hecho algo las enfermeras para cambiar la situación, de haber estado presentes? ¿Ese fue el único resultado posible? La esperanza prometida de vida eterna en la Nueva Jerusalén es nuestra para que la atesoremos. Dios conoce cada situación, dolor y padecimiento. Lo calma todo con amor incondicional. Me alegro tanto. Ese es el mensaje que espero, que cada persona joven (y también las mayores) tenga la oportunidad de comprender.

Donnette James


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