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Ser genuina

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Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el interior de las personas, para pagar a cada cual su conducta, conforme al fruto de sus acciones, Jeremías 17: 10.

HE CRECIDO SINTIÉNDOME MUY «DIFERENTE» y casi nunca aceptada. Soy alta y de cuerpo robusto. Cuando era niña, no podía juntarme con mis pares. Si estaba en una multitud y nadie me dirigía la palabra, pensaba: «¿De qué tanto hablan?». Tenía algunas amigas pero me sentía muy mala para socializar. Sin embargo, siempre estuve cómoda en la compañía de los ancianos y podía hablar con ellos.

Pasaron los años, me casé y tuve cuatro hijos. En todo momento siguió mi «colección» de viejitas. Las visitaba, llamaba, escribía y animaba a comer alimentos nutritivos para que estuvieran fuertes. Alguien me necesitaba; yo hacía algo importante. Comencé a darme cuenta de que era parte de mi vida y el hecho de que no pudiera socializar con mis pares de niña, ya no importaba. Lo recuerdo y me doy cuenta de que la compañía de mis padres en casa era mucho mejor que la compañía de los jóvenes. Ahora estoy cerca de cumplir setenta años y voy directa a la ancianidad. Tengo amigas que casi tienen noventa años, de quienes he aprendido tanto. Atesoro las charlas que tuve con mi abuela española, que falleció hace mucho.

Somos diversas. No podemos reflejar a los demás. Como dijo la oradora de un campamento de mujeres: «Son únicas; nadie puede hacer el trabajo que el Señor les ha encargado». Así que yo digo que tengas confianza en el carácter que Dios te dio y lo uses para él. Interésate en tus propios talentos y dones. Con los años he tratado de animar a los mayores a tener fe. Anhelo vera muchos de ellos en el cielo. Realmente lo espero así. Es asombroso cómo la gente puede ser tan vieja sin haber encontrado a Cristo.

Estás en esta tierra con un propósito. No tienes un duplicado en todo el mundo; nunca la hubo o la habrá. Llegaste con un propósito, satisfacer determinada necesidad. No trates de entregar tu individualidad, es tu más grande agente de poder. Dios ha dado a cada quien un regalo (Romanos 12: 6-8; 1 Corintios 12: 27-30). ¿Cuál es el tuyo? Puedes ser una potencia en el mundo al ser genuina y concentrarte a usar lo que Dios te ha dado.

Beryl O´Hare


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