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El versículo

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No tendrán que luchar esta vez. Deténganse y quédense quietos y verán la victoria que les depara el Señor, 2 Crónicas 20: 17.

UNA MAÑANA, durante mis devociones, leí el versículo de hoy. Este me regresó en el tiempo a unos meses atrás, cuando tuve que enfrentar algunas de las situaciones más difíciles de mi vida: un aborto espontáneo, pérdida de mi empleo y la muerte de una buena amiga, todo esto sucedió dentro de un período de ocho meses. Me aferré al texto bíblico: «Aunque no eche brotes la higuera, ni den las vides ningún fruto; aunque nada se espere del olivo, ni los labrantíos den para comer; aunque no haya ovejas en el aprisco, ni queden vacas en los establos; aun así, yo me gozaré en el Señor, me alegraré en Dios, mi salvador» (Habacuc 3: 17, 18). A pesar de todo, deliberadamente había elegido alabar a Dios. No fue nada fácil. Entonces me pregunté si Dios estaba tratando de decirme algo por medio de este versículo.

Fue cuando apareció Jay en Internet. Habíamos sido muy buenas amigas, pero se casó y se fue a vivir a los Estados Unidos. De vez en cuando nos comunicábamos por Internet y me comentaba de sus proyectos. Me pedía que orara por la situación que estaba enfrentando en su hogar. Jay había pasado algunas semanas en un viaje misionero en Sudamérica y estaba por regresar, pero estaba aterrorizada de volver con quien había sido su esposo por ocho años, pero había sido abusivo tanto emocional como físicamente. ¿Cómo reaccionaría cuando ella le dijera que lo iba a dejar? ¿Estaría a salvo? Yo no tenía ninguna respuesta.

Entonces recordé el versículo. Muy entusiasmada, le escribí, animándola a ser fuerte y confiar en Dios. «Hace unos minutos, Dios medio este versículo para ti. Escríbelo, apréndetelo y repítelo.». No podíamos creer lo sorprendente que es nuestro Dios. Él sabía que esa mañana, Jay y yo nos comunicaríamos en línea. Él sabía que ella estaba confundida y angustiada y había preparado una promesa para sostenerla. ¡Su fidelidad es grandiosa!

Cuando nos despedimos, agradecía Dios por usarme. Estoy segura que él tenía un millón de formas para entregar ese versículo a Jane, pero me permitió testificar de su bondad. Susurré una oración por ella y por las miles de mujeres en el mundo que son lastimadas por aquellos que prometieron amarlas y apreciarlas. Oré para que Dios tenga misericordia de ellas y pelee sus batallas también.

Dinorah Blackman


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