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Abrigo en época de tormenta

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Hizo que la tormenta amainara, que enmudecieran las olas. Se alegraron al verlas en calma y Dios los condujo al puerto añorado, Salmos 107: 29, 30.

HACE POCO TIEMPO, mi esposo y yo fuimos de vacaciones en nuestra casa rodante, a uno de nuestros lugares favoritos, junto al mar. Como había muchos espacios vacíos junto a nosotros, teníamos vistas magníficas del mar en cualquier dirección. ¡Todo un premio extra!

En una acción egoísta, renegué cuando una pareja colocó su vehículo junto a nosotros. La conciencia inmediatamente me indicó que esa era una actitud errónea, así que, al día siguiente, fui a conversar y dar la bienvenida a nuestros vecinos. Con alivio, me dijeron que se ubicaron cerca de nosotros, en busca de abrigo del viento que había estado azotando a su tienda de campaña en su lugar previo.

Esto me hizo pensar en las ocasiones cuando algunas oportunidades me azotaron en la cara. Soy realista cuando contemplo cómo respondo. Ya que profeso amara mi Salvador, eso me recuerda que debo practicar lo que predico, compartiendo, cuidando y también estar al tanto de los necesitados.

Otros podrían ver fortaleza y seguridad en mi vida, que probablemente no encuentren en las suyas propias. Cuando pienso en algo que me incomoda, necesito recordar que Jesús tiene sus brazos abiertos todas las veces que acudo a él. Es mi ayudador y siempre está cerca. Eso mismo puedo ofrecer a un hermano y una hermana.

Cuando un amigo o un vecino me comparte alguna preocupación que está sobrecargando su corazón o mi hijo viene a mí porque su mundo se está desmoronando debo ofrecer una actitud cristiana que les ayude a encontrar consuelo y abrigo en sus tormentas.

Jesús nos dice en Mateo 25:40 que «todo lo que hayan hecho en favor del más pequeño de mis hermanos, a mí me lo han hecho». Este texto nos sugiere que servir a otros sin reservas, es demostrar verdadero amor en acción por Jesús. Visitar a los enfermos, alimentar a los hambrientos, vestir a los pobres y sí, incluso proveer abrigo para nuestros compañeros, estamos seguramente proveyendo abrigo en tiempo de tormenta.

Este es el ejemplo que Dios nos ha dejado. Cuando fielmente elegimos alcanzara otros, estamos sirviendo como un faro que guía al puerto más seguro de todos, Jesús.

Lyn Welk Sandy


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