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«Todos los que tengan sed, vengan a beber agua; los que no tengan dinero, vengan, consigan trigo de balde y coman [...] sin pagar nada» (Isaías 55: 1).

HACE TIEMPO, en un periódico de mi país, Colombia, salió la noticia de un hombre que desde un auto iba tirando dinero por la calle. ¿Te imaginas cuántas personas dejaban lo que estaban haciendo para recoger el dinero gratis? Cuando se bajó del auto, el generoso desconocido se dirigió a una plaza y siguió arrojando billetes. El tumulto que se formó a su alrededor era impresionante. Las personas se abalanzaban unas sobre otras para recoger aquel dinero. Fue tal el desorden que se formó que la policía tuvo que intervenir. Ese día, muchos afortunados recibieron dinero sin haber hecho nada para merecerlo. Dinero gratis. ¿Tú qué hubieras hecho si hubieras estado frente al hombre que arrojaba dinero por los aires? ¿Te hubieras abalanzado sobre cualquiera para llevarte tu parte? ¿O te hubieras quedado tranquilo y habrías continuado con lo que estabas haciendo?

En otra ocasión, un niño iba con su papá y se dirigió a una máquina de golosinas. Metió una moneda para comerse un rico dulce y... ¡¡¡adivina qué!!! La máquina estaba estropeada y le dio todas las golosinas que contenía, a cambio de una simple moneda. ¡Golosinas gratis! ¿Qué niño del mundo no se sentiría en el paraíso si le pasara una cosa así? Aquel muchacho se llenó los bolsillos de dulces, pero se le acabó la felicidad cuando su papá le hizo devolverlos todos, diciéndole: «Las cosas deben comprarse pagando por ellas lo que es justo». Cuando mi hija mayor leyó esta historia me dijo: «Mami, ¿por qué a mí no me ocurren esas cosas?». Tal vez tú estés pensando lo mismo en este momento. Pero te digo una cosa: a ti sí te ha ocurrido algo como eso, solo que tal vez aún no te has dado cuenta.

Jesús nos da, completamente gratis, muchas cosas: la vida, la salud, el amor, la amistad... ¿O has hecho algo tú para ganártelas? Claro que no. Y de todo lo que Jesús nos da, lo más grande es la salvación. Jesús nos salva sin que tengamos que hacer nada. Dime si eso no es mucho mejor que todas las golosinas del mundo. Yo creo que sí, aunque los periódicos no hablen de ello.


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