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En busca del tesoro

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«Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que había perdido» (Lucas 15: 9).

LAURIE RIMON no era nadie especial. Era una persona común y corriente, como tú y como yo, que ni siquiera estaba buscando nada. Pero un día hizo un descubrimiento espectacular: halló un tesoro de un valor incalculable.

Laurie fue un día a conocer lsrael, la tierra donde Jesús vivió e hizo todos sus milagros. Y mientras caminaba cerca del mar de Galilea, se encontró un objeto brillante que le llamó mucho la atención. Se agachó y lo recogió. Al tenerlo en la mano se dio cuenta de que era una moneda muy antigua, ¡¡¡de oro!!! La moneda tenía la imagen del emperador romano Augusto, que era el que gobernaba en aquella región cuando Jesús vivió. Laurie en seguida se dio cuenta de que tenía en su posesión un objeto de gran valor histórico y económico.

A Laurie le pareció bastante extraño haber encontrado aquel valioso objeto así sin más, porque la moneda no estaba guardada en ningún lugar, estaba simplemente a la vista y al alcance de cualquiera que pasara por allí. ¿Cómo es que nadie la había descubierto antes? La verdad que es increíble. Pero Laurie era la afortunada, y ahora tenía que decidir qué haría con aquel valioso tesoro.

Después de mucho pensar «¿Qué voy a hacer con esta moneda?», Laurie tomó una decisión. ¿Qué hubieras hecho tú si hubieras estado en el lugar de ella? Yo tal vez me hubiera quedado la moneda para mostrar la a mis amigos y presumir un poco. O tal vez la hubiera vendido para tener dinero. Laurie, aunque no quería separarse de la valiosa moneda de dos mil años de antigüedad, decidió llevarla a una autoridad en antigüedades de Israel, que le dijo que solo había otra moneda igual en todo el mundo y se encontraba en el Museo Británico de Londres.

¿Sabes? A nuestro alrededor hay muchas personas que son tesoros para Jesús, pero que no saben que Jesús las está buscando; no lo conocen ni han oído hablar de él. En el lugar menos pensando, podemos encontrarnos con esas personas. Cuando las encontremos, ¿qué haremos? Jesús quiere que seamos como Laurie; que nos demos cuenta de que son valiosas y las llevemos a donde tenemos que llevarlas: a los pies del Salvador.


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