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El caballo de Alejandro Magno

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«En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría» (Salmo 51: 6).

EL CABALLO MÁS FAMOSO de la antigüedad se llamaba Bucéfalo. ¿Por qué fue famoso? Porque era el caballo de un hombre muy importante llamado Alejandro Magno. Cuenta una historia que, cuando Alejandro Magno tenía trece años, le regalaron este caballo. Bucéfalo era hermoso; pero este lindo caballo era tan indomable que nadie lo podía montar, ni siquiera el padre de Alejandro, que era un gran jinete.

El niño Alejandro estaba seguro de que podía domar a Bucéfalo, y le rogó a su papá que le permitiera intentarlo. Alejandro se había dado cuenta de que el caballo le tenía miedo a su propia sombra; así que lo volteó de modo que viera hacia el sol, y lo acarició hablándole con voz tranquila hasta que Bucéfalo tuviera tiempo de acostumbrarse a su voz. Luego se montó sobre él e hizo que corriera hacia el campo hasta que el caballo se cansó por sí solo. Entonces Bucéfalo ya sabía que había encontrado a su amo, que lo había domado sin necesidad de látigo ni espuela. Por eso sirvió a Alejandro en muchas batallas. Años después, Bucéfalo murió, y Alejandro, que para entonces ya era un gran conquistador, le dio un entierro real y en su honor le puso el nombre Bucéfalo a una ciudad: Alejandría Bucéfala.

¿Te has fijado en los grandes resultados que obtuvo Alejandro gracias a la paciencia, la ternura y la inteligencia que mostró con su caballo? Así como actuó este joven con su caballo, debemos ser nosotros en nuestro trato con los demás. Número 1: Seamos comprensivos siempre con todos, tratémoslos con bondad, pongámonos en su lugar. Número 2: Seamos pacientes y no esperemos resultados inmediatos, sino con el tiempo y la constancia. Si sigues estos dos pasos, no te sorprendas cuando veas que los demás te tratarán de la misma forma como tú los tratas a ellos.

Jesús hizo eso mismo con nosotros. Aunque él era Dios, se hizo humano para comprendernos mejor; nos trató con compasión y amor; y ahora tiene paciencia con nosotros hasta que decidamos hacerlo mejor para él.


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