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Hay demasiadas Juanitas – 1ra. parte

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«Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos» (Romanos 12: 18).

JUANITA ESTUDIABA en un buen colegio y era muy aplicada. Sus notas estaban por encima del promedio de sus compañeros, y tenía muchos amigos. Sin embargo, un día, recibió una llamada muy extraña. Era una de sus compañeras, que le decía que se alejara de Felipe, porque Felipe era su «amigo especial» y ella se estaba entrometiendo en aquella relación. Juanita alucinó bastante, y llegó a decir que era Felipe quien se acercaba a ella, y no al revés. De todos modos, no le sirvió de mucho la explicación.

Tiempo después, en horas de escuela, dos amiguitas de la que la había llamado, se acercaron a Juanita y la amenazaron con subir a Facebook una foto de ella. Le advirtieron nuevamente que se alejara de Felipe, pero ella no tenía nada con Felipe. Poco después, las muchachas colgaron en Facebook una foto retocada de Juanita en la que la deformaban y se burlaban de ella. La pobre Juanita no ganaba para sustos...

Los profesores empezaron a darse cuenta de que se había producido un cambio en Juanita, que ahora se mostraba callada, retraída, y su rendimiento académico había bajado notablemente. Sus padres no sabían nada, pero fueron notificados por la directora.

Un día, la directora mandó llamar a Juanita a su oficina, con la intención de investigar qué le estaba pasando. Durante la conversación, Juanita se echó a llorar desconsoladamente, y terminó contándole las amenazas y el maltrato de los cuales era objeto por parte de las tres muchachas. La profesora la dejó llorar y le dio un vaso de agua y unos pañuelos desechables.

Los días fueron pasando y Juanita se quedó prácticamente sin amigas, porque las tres muchachas amenazaban a cualquiera que hablara con ella. Desesperada, les pidió a sus padres que la sacaran de aquel colegio. Mañana sabrás en qué terminó esta historia, pero por hoy, déjame decirte algo. Si estás sufriendo este tipo de acoso en la escuela, habla con un adulto de tu confianza. Si eres de los que acosan, lo que estás mostrando en realidad no es que eres fuerte, sino débil, incapaz de relacionarte bien. Jesús, en cualquiera de los dos casos, te puede ayudar.


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