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Un barco que se hunde

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«Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir» (Apocalipsis 21: 1).

¿HAS OÍDO HABLAR del hundimiento del Titanic? Ocurrió en abril de 1912 y fue una noticia que conmocionó al mundo. De hecho, fue uno de los acontecimientos más impactantes del siglo XX. El Titanic era el barco trasatlántico más increíble construido hasta la época; todos se jactaban de que era imposible que se hundiera. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió: se hundió tras chocar contra un iceberg. Y chocó porque iban a demasiada velocidad, confiando en que nada malo podría pasar. Pero pasó. El Titanic se hundió y la mayoría de sus pasajeros se hundieron con él. Aquella fue una gran tragedia.

A pesar de la tragedia, se está construyendo otro Titanic: el Titanic II. Es una réplica casi exacta del original, y se quería inaugurar en 2016, pero se ha pospuesto la fecha de su primer viaje para 2018, aunque con una ruta diferente a la del primer Titanic. Los familiares de las personas que murieron en el famoso naufragio no están nada contentos con esta noticia, pues despierta en ellos tristezas muy profundas.

Oír hablar del Titanic trae a mi mente un pensamiento: nuestro mundo también es un barco que se hunde. No lo está hundiendo un iceberg, sino la maldad que abunda. Los vicios, las guerras, los desastres naturales, la hipocresía..., todo nos conduciría al abismo sino fuera por Jesús. Jesús tiene un plan estupendo para todos nosotros: la tierra nueva. Eso es exactamente lo que está construyendo para ti y para mí. Pero la tierra nueva no es una réplica exacta de esta tierra que se está hundiendo. La tierra nueva es un lugar mucho mejor que este; es perfecta, renovada, sin pecado. Allí, Jesús nos llevará a todos los que creemos en él. Y esa noticia no pone triste a nadie, sino todo lo contrario: es nuestra gran esperanza, lo que da alegría a nuestra vida hoy.

La tierra nuevano será un lugar aburrido, no creas que estaremos tocando el arpa en una nube toda la eternidad... No, no es eso, sino que viviremos felices porque no habrá dolor ni lágrimas. No habrá tragedias. Hablaremos cara a cara con Jesús, con los ángeles, con nuestros familiares y amigos. Tendremos los animalitos que queramos de mascotas y conoceremos otros planetas. ¡Será maravilloso! ¿Te animas a ir?


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