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Ocho músicos increíbles

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«El que pierda la vida por causa mía y por aceptar el evangelio, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?» (Marcos 8: 35-36).

ES EL MEDIODÍA del 10 de abril de 1912. El Titanic está zarpando de Southampton, Inglaterra, con 2227 pasajeros a bordo.

Son las 9:00 de la mañana del 14 de abril de 1912. Un buque informa al Titanic de que hay icebergs en la zona. La tripulación no tiene en cuenta el aviso y continúa navegando a la misma velocidad. Esa tarde, cuatro barcos más avisan de nuevo al Titanic de la presencia de icebergs, pero nadie hace nada.

Son las 10:55 de la noche del mismo 14 de abril. El Titanic recibe un nuevo aviso, pero su operador de radio responde: «No nos molesten más».

Son las 11:40 de esa misma noche; el vigía del Titanic avista un iceberg. Demasiado tarde. Hizo sonarla campana tres veces y llamó inmediatamente al puente de mando, pero el barco chocó contra el iceberg y recibió daños irreparables. Diez minutos después, el agua había invadido los primeros cinco compartimentos del barco. Ya se estaba inundando la sala de calderas.

Son las 12:10 de la madrugada, y el agua está invadiendo los camarotes del Titanic. Los trabajadores del barco están lanzando bengalas, pidiendo socorro y se da la orden de comenzar a evacuar a los pasajeros. Ya todo el mundo sabe que muy pocos se salvarán. Cuando las mujeres y los niños están bajando hacia los botes salvavidas, y los que quedan dentro del barco saben que van a morir, la orquesta comienza a tocar. Sus ocho músicos calman así la angustia de los pasajeros. Conteniendo sus propios nervios, la orquesta siguió tocando hasta el final, acompañando en sus últimos momentos a los pasajeros. Ninguno de los músicos sobrevivió y la última pieza que tocaron fue el himno «Más cerca, oh Dios, de ti». En aquel momento tan triste, aquella hermosa melodía ayudó a calmar a muchos. Aquellos músicos llevaron un mensaje de salvación a quienes iban a perder su vida. Gracias a ellos, muchos abrieron su corazón al Salvador y murieron creyendo en el Señor.

Esos músicos increíbles nos enseñan que con nuestra vida podemos dar esperanza a quienes no la tienen.


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