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¿Tú quieres que se aburran de ti?

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«Si visitas a tu amigo, no lo hagas con frecuencia, no sea que se canse de ti y llegue a odiarte» (Proverbios 25: 17).

CUENTA OTRA FÁBULA (¿recuerdas qué es una fábula?) que una familia de armadillos vivía feliz en su madriguera, en el tronco de un frondoso roble. Todo marchaba bien hasta que, un día, se mudó al otro lado del tronco una comadreja que, en seguida, les hizo una visita. Cuando entró a la madriguera de la feliz familia armadillo, la comadreja comenzó a alabar el orden y el buen gusto de la señora de la casa. También dijo de los armadillitos que eran preciosos y los mejor educados del bosque. La mamá armadillo, contenta por lo que estaba oyendo, invitó a la comadreja a almorzar. Desde entonces, las visitas de la comadreja se hicieron frecuentes; de hecho, diarias. «Présteme un poco de azúcar», daba un día como pretexto la comadreja. «Permítame una aguja para remendar», decía otro día. «¿Puede darme un poco de jabón para lavar la ropa?», le pedía en otra ocasión. En fin, la vida se les hizo un infierno a los pobres armadillos, hasta el punto que ya el papá iba a la casa solo para comer, pues no quería toparse con la pesada de la comadreja.

Un día, la familia se reunió para buscar una solución al inesperado problema de la comadreja. El armadillito más pequeño dijo que el plan que él tenía consistía en buscar la ayuda de un perro, pues las comadrejas les tienen mucho miedo a los perros. El plan le gustó a toda la familia, que contrató los servicios de un perro a cambio de un jugoso hueso diario. Al día siguiente, la comadreja se autoinvitó a comer a la madriguera de sus vecinos armadillos. Mientras comían, llamaron a la puerta; armadillito abrió y allí estaba un perro.

-Cuánto tiempo sin verlo -dijo el armadillito-. Se quedará con nosotros, ¿verdad?

-Sí, me quedaré con ustedes una larga temporada -dijo el perro.

Cuando el perro entró, la comadreja casi se muere del susto; pidió permiso y salió disparada. Nunca más regresó. Eso le pasó por estar yendo todos los días a casa de sus vecinos. Por eso la Biblia nos avisa de que no debemos estar siempre en casa de nuestros amigos, para que no se aburran de nosotros. Siempre hay que buscar el equilibrio en todas las cosas.


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