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Jesús es tu polígrafo

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«Nunca digan mentiras tus labios» (Salmo 34: 13).

UN DÍA, un pastor vio a un grupo de niños hablando alrededor de un perrito que se habían encontrado perdido.

-¿Qué hacen, muchachos? -les preguntó el pastor.

-Diciendo mentiras -contestó uno de los niños-. El que diga la mentira más grande, se quedará con el perrito.

-Cuando yo tenía la edad de ustedes, jamás se me ocurrió decir una mentira -comentó el pastor.

-Creo que el pastor se ganó el perro -dijo uno de los niños.

Es triste reconocerlo, pero todos hemos mentido alguna vez. Ahora bien, que lo hayamos hecho, no quiere decir que debamos seguir haciéndolo. Mejor es no mentir. ¿Has oído hablar del polígrafo? Esta palabra tan extraña es el nombre de una máquina que se ha inventado para detectar mentiras. Cuando te sometes a ella, si no dices la verdad todos se darán cuenta. ¿Te gusta que la gente te llame mentiroso?

El polígrafo mide el ritmo de tu corazón, la frecuencia de tu respiración y el sudor de tu piel. Cuando tu corazón y tu respiración se aceleran, y empiezas a sudar, el polígrafo se da cuenta y lo registra como que estás mintiendo. Esto se debe a que, cuando mentimos, nos ponemos nerviosos, y la forma en que el cuerpo responde cuando estamos nerviosos es palpitando más rápidamente el corazón, respirando nuestros pulmones más aceleradamente y expulsando la piel un sudor frío. Ya ves, tú crees que nadie se da cuenta cuando mientes, pero hay una máquina que sí se da cuenta.

Pero no solo el polígrafo se da cuenta de cuándo mentimos. Mamá, papá, las personas que nos conocen, también se dan cuenta, aunque pensemos que no. Se dan cuenta porque, al vernos nerviosos, sudorosos, acelerados y con la respiración agitada, deducen que estamos ocultando algo. Y cuando tus amiguitos se enteran de que has mentido... ¡uy!, eso sí que es grave, porque no vuelven a confiar en ti.

Tal vez logres decir alguna mentira sin que te descubran tus papás, maestros o amigos, pero no sin que lo sepa Jesús. Jesús es como nuestro polígrafo. Por eso, antes de hablar, debemos recordar que Jesús sabrá si es verdad o no. ¿Quieres que Jesús te llame mentiroso?


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