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Pilar, la «soplona»

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«No cometan pecado. Aunque si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo, y él es justo» (1 Juan 2: 1).

CUANDO ESTABA EN PRIMARIA, mi mejor amiga era Sandra; pero al pasar a secundaria, a Sandra le tocó en otro salón, así que me hice amiga de dos compañeras de clase: María Claudia y Ana María. Pero en nuestro mismo salón había una niña, de nombre Pilar, que casi no tenía amigas. ¿Sabes por qué? Porque no era sincera.

Cada vez que Pilarse «hacía amiga» de alguien, era para espiar. Le gustaba escuchar las conversaciones de esa niña con las demás niñas del grupo y, si oía algo que podía divulgar, lo hacía. Un día, nuestro grupo de tres se vio muy afectado por unos comentarios de Pilar. Resulta que a mí me iba bastante mal en matemáticas; a María Claudia, le iba mal en ciencias; y a Ana María, en educación física. Por eso Pilar se inventó que nosotras tres estábamos enojadas con los maestros de esas materias y que nos pasábamos el día hablando mal de ellos. ¡¡¡Qué te parece!!! Y por si eso no fuera suficiente, fue a hablar con cada uno de los maestros para acusarse de que nosotras hablábamos pestes de ellos. ¡¡¡Pero era mentira!!! Los maestros nos reclamaron a nosotras tres, y se formó un gran problema. Después se solucionó, pero a Pilar no quisimos volver a hablarle nunca más.

Nosotras no fuimos las únicas que tuvieron problemas por culpa de Pilar. Todo el salón los tuvo. Pilar le decía a una niña que las otras le tenían envidia, y ya se formaba otro pleito. A veces, nuestra tutora tenía que llamar a los padres porque no sabía qué más hacer. A Pilar todos la llamábamos «soplona», porque le gustaba acusar a los demás.

Nunca más he sabido nada de la vida de Pilar, ojalá haya cambiado su peligroso modo de ser ¿Por qué digo peligroso? Porque Satanás es al que le gusta acusar a los demás. Para los que creemos en Jesús, acusar está prohibido, porque no es una de las características de un cristiano. Menos mal que Jesús es nuestro defensor cuando el enemigo nos acusa.

¿Qué te parece si hoy le damos gracias a Jesús por defendernos y le damos nuestra palabra de que nunca acusaremos a nadie?


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