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Tres en uno

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«Vayan, pues, a las gentes [...] y bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28: 19-20).

¿HAS VISTO CÓMO HIERVE EL AGUA? Se le ven burbujitas, ¿cierto? Mucha gente cree que cuando el agua hierve deja de ser agua, pero no es así, lo que sucede es que pasa de estado líquido a gaseoso, pero sigue siendo agua. El agua puede estar en tres estados: sólido, cuando está congelada (hielo); líquido, que es como la bebemos o la usamos para bañar nos; y gaseoso, que es el vapor que sale cuando la hervimos. Cuando es sometida a temperaturas extremas, el agua no se mantiene líquida. Si recibe mucho frío, se solidifica; pero sigue siendo agua. Si recibe mucho calor entra en ebullición y le salen burbujitas, entonces se convierte en vapor; pero sigue siendo agua. Parece difícil de entender, ¿Cómo es posible que se vea de tres maneras tan diferentes y que siga siendo la misma agua? Qué misterio, ¿verdad?

Lo mismo sucede con el misterio de la Trinidad. Dios es tres personas distintas: Dios el Padre; Dios el Hijo; y Dios el Espíritu Santo. Es un solo Dios, pero tiene tres formas diferentes y realizan obras distintas. Es un misterio maravilloso. Cómo nos sorprende Dios con las cosas que hace, ¿verdad?

Esto es lo que dicen las creencias 2, 3 y 4 de las creencias funda mentales de la Iglesia Adventista (léelo atentamente, para que nunca lo olvides): «Creo que el Dios que me ama son tres personas en una: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada uno me enseña a vivir una vida mejor y con un significado más pleno. Dios el Padre nos mantiene con vida; es bondadoso y perdonador, y jamás me abandonará. Dios el Hijo, Jesús, creó este mundo y todo lo que hay en él. Hace dos mil años vino como un niño, vivió una vida sin pecado y murió en una cruz para que algún día yo pueda vivir para siempre con él en el cielo. Dios el Espíritu Santo me habla mediante esa suave y tranquila vocecita que escucho en los momentos en que siento temor, tristeza o soledad. Él me dice que no me preocupe, porque todo saldrá bien. También intenta enseñarme la diferencia entre el bien y el mal, haciendo que me sienta culpable cuando cometo algún pecado; y gozoso cuando decido obedecer la ley de amor de Dios».


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