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Papá y mamá: estetoscopios humanos

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«Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre» (Proverbios 1: 8).

¿TE HAS FIJADO alguna vez en el aparato que lleva el médico colgado al cuello? ¿Sabes cómo se llama? Se llama estetoscopio. Pues aunque te parezca mentira, este aparato no siempre ha existido; fue inventado hace solo doscientos años por un médico francés llamado René Laénec. ¿Quieres saber cómo se le ocurrió la idea a este genial inventor? Pues fue así.

René era un hombre muy tímido, así que cuando tenía que examinar los latidos del corazón de una mujer para ver si estaba sana o enferma, le daba vergüenza poner su oreja en el pecho de ella. Por eso se le ocurrió la brillante idea de enrollar un cuaderno a manera de tubo, porque sabía que en las formas cilíndricas el sonido viaja mejor y se amplifica. ¿Cómo lo sabía? Lo sabía porque lo había leído en una revista. ¿Has visto lo importante que es leer?

Gracias a que Laénec creó el primer estetoscopio de madera, los médicos de hoy pueden «auscultar», es decir, «oír» el corazón, los pulmones o los intestinos. Así saben si estamos enfermos por dentro, aunque por fuera parezcamos sanos. ¿Verdad que suena divertido poder escuchar por unos instantes los latidos del corazón? Pero es más divertido que nos vaya bien y estemos sanos; cuando nos enfermamos nos sentimos tristes.

Ahora déjame decirte una cosa: tu papá y tu mamá son como un estetoscopio que Jesús pone en tu vida. ¿Por qué? Bueno, pues porque ellos te observan con amor para asegurarse de que todo está bien contigo, de que estás sano por dentro, de que no tienes ningún problema, y de que caminas de la mano de Jesús. El buen Dios te ha dado a tu mamá y a tu papá para que te corrijan y te guíen en la vida. Sus consejos son para ti la guía más segura que debes seguir antes de hablar y de actuar.

Cuando tu mamá y tu papá dicen que algo está bien, o que lo que has hecho está correcto, es porque estás siendo un niño o una niña fiel a Jesús.


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