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Comprados por un rey

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«Ustedes no son sus propios dueños, porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo» (1 Corintios 6: 19-20).

UN DÍA ESCUCHÉ una noticia en un noticiero de televisión que me pareció muy bonita. Es la historia real de un caballo muy especial. Este caballo pertenecía a un hombre colombiano. En una ocasión, este hombre iba por la calle en una carreta tirada por el caballo, el protagonista de nuestra historia, que era un animal flacucho y de apariencia sencilla. Cuando llegaron a un semáforo, el hombre se detuvo ante la luz roja. Justo en ese momento, a su lado se detuvo un lujoso auto, manejado por un señor muy elegante que bajó la ventanilla y le dijo:

-Oiga, amigo, ¿en cuánto me vende su caballo?

-¿Cómo dijo, señor? -le respondió el propietario del caballo muy sorprendido.

-Quiero comprarle el animal, ¿me lo vende? -confirmó el hombre rico.

-Pues no pensaba venderlo, pero si me da por él cien mil dólares, es suyo.

Los dos se apartaron a un lado de la carretera y cerraron el trato. El rico sacó su billetera, le entregó el dinero acordado al pobre desconocido, y se quedó con el animal. ¡Qué contento se fue el antiguo propietario! Creía que había hecho el mejor trato de su vida. Por su parte, el nuevo dueño del caballo también estaba contentísimo. Llamó a sus trabajadores, lo llevaron a una finca y comenzaron a adiestrarlo. El flacucho animal empezó a engordar; ya no comía cáscaras de plátano ni hierba seca, sino maíz, espinaca, lechuga, brócoli y otras delicias de la mejor calidad. El caballo era un pura sangre y desde entonces hasta hoy ha ganado muchos premios. Ahora es un caballo famoso y vale muchísimo dinero.

Nosotros tenemos la fortuna de haber sido comprados también, pero por el Rey del Universo. Para Jesús vallemos muchísimo, porque no solo nos compró, sino que nos forma cada día, nos enseña a ser verdaderos cristianos, cada vez mejores. Para él valemos mucho, y espera ver el resultado de su inversión. Lo que espera es que algún día estemos con él en la tierra nueva. ¿Quieres ser un pura sangre para Jesús? Pues hoy es el día perfecto para decírselo. Jesús, yo quiero ser un pura sangre para ti.


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