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El niño que se hizo pipí delante de toda la clase

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«Podemos decir con confianza: “El Señor es mi ayuda; no temeré”» (Hebreos 13: 6).

UN NIÑO DE NUEVE AÑOS estaba sentado en su pupitre cuando, de pronto, se fijó en un charco que se había formado a sus pies. Sospechando de dónde podía venir aquel líquido, se tocó la parte delantera de los pantalones... oh, oh, estaba mojada. El corazón comenzó a latirle más deprisa. No sabía cómo podía haberle sucedido aquello, pero lo que sí sabía era que, cuando sus compañeros se dieran cuenta de lo que había sucedido, se reirán de él. Preocupado, agachó la cabeza y oró a Jesús: «Señor, esta es una emergencia. ¡Necesito ayuda ahora mismo! Si no me ayudas ahora, dentro de cinco minutos será demasiado tarde».

Cuando levantó la cabeza después de su oración, vio a la maestra que se acercaba hacia él con una mirada que decía: «Te he descubierto». Justo en ese momento, una compañera que iba cargando una pecera, tropezó frente a la maestra e, inexplicablemente, derramó toda el agua en los pantalones del niño. Él aparentó estar enojado, pero en el fondo sabía que acababan de salvarle la vida. «Gracias, Señor», dijo para sus adentros. En lugar de ser ridiculizado, el niño era ahora objeto de la simpatía de todos; y la niña... pasó a ser el objeto de burla de toda la clase.

«¡¡¡Torpe!!!», le gritaron algunos. «¿Por qué no miras dónde pisas?», le dijeron otros… Al final de la jornada, mientras estaban esperando el autobús, el niño se dirigió a la niña y le preguntó:

-Lo hiciste a propósito, ¿verdad?

-Sí. Es que yo también me oriné en clase una vez -dijo ella.

A veces nos suceden cosas malas por una razón: para que, al experimentarlas, podamos luego tener más compasión con las personas que tienen problemas. Si la niña del relato que hoy nunca hubiera sufrido lo mismo que le pasó al niño, seguramente no hubiera podido tener compasión de él, porque no hubiera comprendido la situación. Por eso, mi mensaje de hoy para ti es el siguiente: cuando les pase a otros algo malo que te ha pasado a ti, tú puedes comprenderlos mejor que nadie. Intenta ayudarlos. Las penas siempre se llevan mejor en compañía.


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