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De mendigo a Premio Nobel

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«Si los pecadores quieren engañarte, ¡no se lo permitas!» (Proverbios 1: 10).

HAY GENTE A LA QUE, de niños, no les va bien pero, cuando llegan a grandes, destacan. Esta es la historia real de un niño al que le ocurrió precisamente eso. Se llama Mario.

Mario nació en Italia, hijo de un aviador que combatió en la Segunda Guerra Mundial. Su madre, Lucy, era buscada por la policía secreta alemana, la Gestapo, porque la consideraban peligrosa por ser una mujer muy inteligente. Preocupada por lo que pudiera ocurrirle a su hijo Mario si la encarcelaban a ella, Lucy vendió todo lo que tenía y dejó a su niño al cuidado de unos granjeros, a quienes les dio dinero para los gastos. Lucy fue enviada a un campo de concentración nazi, y Mario fue cuidado unos meses por los granjeros; pero cuando el dinero se terminó, lo echaron a la calle para que se ganara la vida por sí mismo. Cuando esto sucedió, Mario, ¡solo tenía cuatro años y medio!

Hasta los nueve años, Mario sobrevivió en las calles junto a otros niños como él. Para poder comer, robaban. Él contrajo tifus y estuvo hospitalizado un año. ¡Pero sobrevivió! Finalmente su madre fue liberada el mismo día en que Mario cumplía nueve años, y se puso a buscar a su hijo. Lo encontró dos años después, rodeado de delincuentes. Su mamá decidió irse con él a Norteamérica, para alejarlo de las malas compañías. Llegaron a Filadelfia y, aunque Mario no aprendió a leer hasta los trece años, ya sabía casi todo de la vida. Como quería superarse, Mario estudió muchísimo y se hizo científico. En al año 2007 recibió, junto a sus compañeros Oliver Smithies y Martin Evans, el Premio Nobel de Medicina.

En cierta manera, la experiencia de Mario Capecchi nos recuerda el versículo del día de hoy: «Si los pecadores quieren engañarte, ¡no se lo permitas!». Aunque él vivió en un entorno de robo y delincuencia, no se dejó contaminar. Cuando tuvo la oportunidad, progresó en la vida siendo íntegro, y hoy goza de un gran renombre mundial. De forma honesta ha ganado mucho dinero gracias a su profesión, con la que además contribuye al bien de toda la humanidad. Si él pudo lograrlo, tú también puedes, aunque tal vez tus circunstancias hoy parezcan muy difíciles.


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